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martes, 5 de septiembre de 2017

¿Cómo no procastinar? La regla del minuto

Se conoce por procastinación a la tendencia que podemos desarrollar a postergar aquello que tenemos que hacer para más adelante. Por lo general, acabamos haciéndolo cuando no nos queda más remedio, en la temida “última hora”.
Si se hace de manera puntual no supone ningún problema, pero si vemos que estamos empezando a tener problemas ( se nos pasan fechas de entrega o se nos acumula el trabajo en determinados momentos), entonces debemos empezar a trabajarla, ya que está interfiriendo en nuestra vida diaria.
Además hay que tener en cuenta que personas muy procastinadoras tienden a tener unos niveles más bajos de autoestima, ya que entran en un círculo vicioso: como dejo las cosas para última hora me siento mal y culpable conmigo mismo, por lo que cada vez voy a hacer menos cosas, dejando cada vez más para última hora..., etc. Hay que tener en cuanta que cuanto peor nos sentimos más tendemos a la inacción y al dejar de hacer cosas.

¿Como podemos luchar contra ella?
Debemos tener en cuenta una serie de aspectos que se desglosan a continuación .

¿Qué es lo que evitamos?

En primer lugar hay que ver qué es lo que estamos evitando realmente. Por lo general es muy poco habitual el que dejemos para más adelante aquello que nos gusta o nos apetece. Siempre postergamos las cosas aburridas o aquellas que nos ponen un poco nerviosos. Contra las primeras hay que trabajar la autodisciplina, pero para las segundas conviene darnos cuenta de qué cosas estamos evitando y a cuáles nos conviene acostumbramos a hacer frente. Si por ejemplo, me agobia el ir a una tienda a cambiar algo quizá debería intentar acostumbrarme a realizar este tipo de acciones.


Si lo pensamos, la palabra pavor puede verse como:

Pretexto para
Atenuar la
Vitalidad y la
Operatividad de tus
Realizaciones

¿Cómo trabajo la autodiciplina?
En otras ocasiones, simplemente no hacemos las cosas porque no nos apetece . En ese caso hay cinco pasos que puedes seguir:
  • Análisis de coste/beneficio; tenemos que valorar en primer lugar qué beneficios vamos a sacar de hacer aquello que estamos postergando.Por otro lado debemos analizar todos los problemas que puedan surgir, buscando soluciones para ellos.
  • Organizar un plan, organizado en etapas aquello que quiero hacer.
  • Facilitar la tarea, poniéndome objetivos realistas.
  • Pensar positivamente, evitando frases como lo “hago todo mal”.
  • Reconocernos los méritos y no infravalorar nuestros esfuerzos.

Si los quieres ver más desarrollados, pincha aquí

La regla del minuto

Muchas veces tenemos que irnos acostumbrando a hacer las cosas de una manera inmediata y no dejarlo para después. Para ello podemos irnos acostumbrando a hacerlo de manera gradual. Para ello está la regla del minuto: si tenemos que hacer algo que se pueda hacer en un minuto, ya sea responder un mensaje o un correo por ejemplo, debemos obligarnos a hacerlo de manera inmediata. De este modo, vamos acostumbrándonos a no demorar nuestras tareas. Cuando lo hayamos conseguido, aumentamos a 10 minutos, a media hora, una hora...etc.


Es mucho lo que podemos ganar, ¿Empezamos?

lunes, 14 de diciembre de 2015

El poder de la atribución

¿A qué atribuyes tus éxitos y tus fracasos? ¿Qué factores son los responsables de que triunfes o de que no consigas lo que has pretendido? Dependiendo de a qué le demos más peso o que factores tengamos en cuenta, estaremos haciendo un tipo de atribución u otra.

Aunque existen varios tipos, principalmente podemos hacer dos tipos de atribución:

  • Atribución interna: lo que ha pasado es responsabilidad de la persona. Por ejemplo, si he suspendido un examen es porque no he estudiado, luego la causa está en mí.
  • Atribución externa: lo que ha ocurrido es responsabilidad de los otros o de factores externos. Que no tienen nada que ver con uno mismo. Así, siguiendo el ejemplo del examen, diré que he suspendido porque el examen era muy difícil o porque el profesor me tiene manía.

Como con la mayor parte de las características psicológicas, tan malo es el situarnos en un extremo como en el otro. Es decir, una persona con una visión adecuada de las cosas sabrá atribuir de la manera adecuada. Algunas veces será su responsabilidad y otras será culpa de factores que no tengan que ver con ella.

Los problemas, como he dicho anteriormente vienen cuando tendemos a hacer cierto tipo de atribuciones y dejamos las otras de lado, así:

  • Cuando atribuimos todos nuestros problemas a factores externos, dejamos de responsabilizarnos de ello, por lo que no debemos actuar, porque no es culpa nuestra.
    Por ejemplo:si no apruebo por culpa del profesor, dejare de estudiar, al igual que si cuando te chillo es por tu culpa que me haces enfadar, yo no tendré que controlarme.
    De igual modo, con elementos positivos tampoco es bueno. Si gano un concurso de dibujo será debido a la suerte, no a que dibuje bien.


  • Cuando atribuimos todo a factores internos, nos echamos la culpa de todo lo que ocurre, independientemente de que hayan podido influir otros factores o no.
    Así, por ejemplo, si mi equipo de trabajo no ha conseguido sus objetivos, será por mi culpa que he hecho mal mi parte.

En el equilibrio está la virtud. Puede parecer intrascendente pero el que tendamos hacia un sentido u otro puede influir muy negativamente en nosotros.

Así hay teorías acerca de la depresión que hablan, entre otros factores, de un déficit atribucional como desencadenante y mantenedor de ésta. Así una persona deprimida,tendrá los siguientes problemas atribucionales:

  • Interna/externa atribuirá todo lo negativo de manera interna, siendo todo culpa suya. Sin embargo las cosas buenas que le pasan siempre son externas, ya que no tienes que ver con ellas. Por ejemplo: Si saco un diez en matemáticas es porque el examen era demasiado fácil. Si suspendo es culpa mía porque soy un desastre.




  • Estable/Inestable tiene que ver con que si las cosas son siempre así o si van cambiando. Siguiendo con el mismo ejemplo,si hago una atribución estable, tenderé a pensar que siempre suspendo todos los exámenes, luego no valgo para estudiar. Si, por el contrario, mi atribución es inestable, veré que hay exámenes de matemáticas que suspendo y otros que apruebo, luego tan mal no lo haré. Una persona con depresión tiende a interpretar todos los sucesos negativos como algo estable y que no va a cambiar.

  • Global o específica se relaciona con que si lo que nos ocurre se da en todos los ámbitos ( entonces sería algo global) o si , sin embargo, sólo se da en un ámbito de nuestra vida (específico). Siguiendo con nuestro ejemplo, si interpretase el suspenso de manera global, daría por hecho que en todas las asignaturas voy a suspender, ya que no se me da bien estudiar. Sin embargo, si lo interpretase de manera específica vería que es posible que las matemáticas se me dieran mal, pero que hay otras asignaturas que domino, luego es esa área en específico la que tengo que mejorar.


En conclusión, tenemos que prestar especial atención a nuestras atribuciones, intentando encontrar ese equilibrio que nos llevará a atribuirnos sólo aquellas cosa de las que somos realmente responsables, tanto buenas como malas y a hacerlo de la manera adecuada.
Si vemos que tenemos problemas en ese ámbito y, sobre todo, si vemos que tenemos tendencia a atribuir todo de una manera interna, estable y global, quizá sea el momento de consultar a un especialista que nos ayude a cambiar.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Fobia social

En un apartado anterior hablé de las fobias y de cómo nos pueden afectar (puedes leerlo pinchando aquí ). Sin embargo existe un tipo de fobia en particular que difiere mucho de las otras, la denominada fobia social.
No es tanto el miedo a las personas como el miedo al rechazo o a una evaluación negativa por parte de los otros. 

Me parece especialmente interesante el hablar de ella dado que muchas personas no son conscientes de que la padecen considerando, simplemente, que son excesivamente tímidas y, que al ser un rasgo de personalidad, no se puede modificar. Esta idea, totalmente equivocada, genera mucho sufrimiento en la persona, impidiéndole no sólo el pedir ayuda, sino también el ser conscientes de que esto se puede cambiar y de que son perfectamente capaces de actuar socialmente de manera adecuada si se trabaja en ello.

¿En qué consiste?

Es un miedo intenso y persistente en respuesta a una o más situaciones sociales o actuaciones en público, como pueden ser el dar una charla, iniciar o mantener conversaciones (especialmente con desconocidos), relacionarse con el sexo opuesto, conocer a gente nueva, hacer reclamaciones, rechazar peticiones, expresar desacuerdo, interactuar con figuras de autoridad, ser observado...etc. Dado que la persona no quiere actuar ni mostrase de una manera que sea embarazosa o humillante tiende a evitarlas, aislándose socialmente.



¿Es lo mismo que la timidez?

No. Una persona puede ser tímida y relacionarse de una manera adecuada con su entorno. Una persona con fobia social ve como ésta interfiere en su vida cotidiana, impidiéndole el llevar una vida normal.

¿Como se manifiesta?

Se puede manifestar de muchas maneras:

  • Nivel corporal: Las reacciones más comunes son taquicardia, palpitaciones, temblor ( voz, manos), sudoración, sonrojamiento, tensión muscular, malestar gastrointestinal (p.ej, sensación de vacío en el estómago o diarrea) boca seca, escalofríos, dificultad para tragar, náuseas y urgencia urinaria .

  • Nivel mental: Se da un bloqueo mental, con dificultades para pensar, encontrar las palabras o concentrase. Se dan temores tales como el no saber comportarse de manera adecuada, a ser visto como alguien poco interesante, a que se noten los síntomas corporales, a la crítica, al rechazo y a la evaluación negativa “Qué van a pensar de mi”..etc


  • Nivel conductual Tienden a evitar situaciones sociales o si ven obligados a estar en ellas intentan pasar lo más desapercibidos posibles.

¿Por qué surge y se mantiene?

Por lo general se suele dar en personas con cierta predisposición a la ansiedad, que han vivido o presenciado situaciones estresantes socialmente ( han sufrido burlas, desprecios, han sido víctimas de acoso...etc) o bien no han aprendido de pequeños a relacionarse socialmente de manera eficaz, ya sea porque los padres sean también muy tímidos, porque no ha tenido oportunidad,... etc.

Cuando una persona con fobia social se enfrenta a una situación que teme, anticipa lo que le va a ocurrir, y siempre de manera negativa ( p.ej: se van a reír de mi, me voy a quedar en blanco..etc), por lo que, o bien la evita, no enfrentándose nunca a su miedo o bien, si no le queda más remedio, se enfrenta a ella, pero no de la manera adecuada.

Así, al haber anticipado que lo va ha a hacer mal, su nivel de ansiedad sube, dándose todos los síntomas comentados en el apartado anterior. Éstos aumentarán cuanto más nerviosa se ponga la persona, convirtiéndose en un círculo vicioso. Además, suelen focalizar en su atención en cómo lo hacen y en los síntomas que tienen, por lo que también hacen que éstos aumenten, poniéndose cada vez más y más nerviosos.

En conclusión, la situación social se vuelve muy desagradable, quedándose la persona con que lo hace muy mal y que no es capaz de enfrentarse a ella de una manera adecuada, por lo que para la próxima volverá a ponerse nervioso y a anticipar negativamente.



Por lo general se suelen ver pocas personas así en la consulta del psicólogo ¿Porqué?

A pesar de que al menos 10 de cada 100 personas adultas lo padecen o lo han padecido en algún momento de su vida, pocas se atreven a acudir a terapia. En primer lugar, si les cuesta el hablar con desconocidos, tanto más el ir a hablar de sus miedos con alguien con quien no tienen confianza. 



En segundo lugar, y eso es lo más triste, es que muchas veces se piensa que es una manera de ser que no se tiene más remedio que aceptar, y eso es una creencia errónea muy presente en personas con este tipo de fobia. Son personas que permanecen aisladas del mundo y que muchas veces no se atreven a cambiar, creyendo que son los únicos a los que les pasa y que es algo permanente.


¿Se puede tratar?

Claro que se puede tratar y solucionar. Las personas con fobia social que acuden a terapia son capaces al final de interactúar con otros sin ponerse nerviosos, de mantener conversaciones con desconocidos..., de llevar, en suma, una vida normal donde se sientan cómodos y puedan hacer lo que deseen sin que el miedo al qué dirán o a la evaluación de los demás se lo impida.

jueves, 26 de febrero de 2015

Duelo en niños

Nunca es fácil la pérdida de un ser querido. Es una situación a la que nunca nos gustaría enfrentarnos y de la que nos gustaría proteger siempre a cualquier niño. Sin embargo, estas situaciones son siempre inevitables y nos podemos encontrar con dudas acerca de cómo actuar con ellos para que le situación les afecte lo menos posible.

¿Cuál es la mejor manera de actuar?¿Qué decirles, cómo explicárselo? Aquí doy algunas pautas que pueden ayudarnos:

  • Ser completamente honesto.
    Muchas veces en un intento por evitar al niño sufrimiento evitamos el contarle lo ocurrido. No podemos apartarle de la realidad que está viviendo. Los niños perciben que algo pasa y afecta a los adultos. Cuanto mejor lo entiendan, más fácil será para ellos.

  • ¿Cuándo y cómo dar la noticia?
    Aunque resulte doloroso, conviene dar la noticia lo antes posible, de cara a que los niños entiendan la situación. Conviene hablar claro y evitar metáforas o eufemismos que puede que se tomen demasiado literalmente ( por ejemplo, frases como “el abuelito está dormido y ya no va a despertar”, que puede hacer que el niño tenga miedo de dormirse o “tu hermanita era demasiado buena y se ha ido al cielo”, que puede provocar cierta confusión acerca de si portarse bien es bueno o malo).


  • Explicar cómo ocurrió la muerte.
     
    Conviene hacerlo con pocas palabras y de manera sencilla y adaptada a su edad. Puede ser útil el recalcar que las personas fallecen si son muy, muy , muy , muy mayores o han estado muy, muy, muy, muy enfermas. El énfasis en los muchos "muy" hacen que el niño pueda diferenciar entre ser mayor y ser anciano o el estar un poco enfermo o con una enfermedad grave.

  • ¿Qué podemos decirles si nos preguntan el por qué?.

    Es bueno que los niños entiendan que todos los seres tienen que morir algún día y que le ocurre a todo el mundo. Puede ayudar el hacer referencia a momentos en la vida cotidiana en los que la muerte está presente ( con animales o plantas, con ejemplo).
    En su fantasía pueden creer que algo que pensaron o dijeron causó la muerte ( frases como por ejemplo: “quiero que te vayas” “no te quiero”..etc), provocándoles muchos sentimientos de confusión o culpa. Hay que dejarles claro que no tuvieron nada que ver con ello.

  • Permitir que participe en los ritos funerarios.
        Es bueno darle la oportunidad, si así lo desea (nunca hay que obligarle a que haga algo    que no quiera), de participar en el velatorio, el funeral, el entierro...eso sí, es aconsejable el explicarle con antelación que es lo que se va encontrar y el porqué de esos ritos.

  • Animarle a expresar lo que siente.
Los niños viven emociones intensas tras la pérdida del ser querido. Si la familia acepta y valida estos sentimientos, les será más fácil expresarlos.


  • Mantenerse física y emocionalmente cerca del niño.
Permitirle estar cerca, abrazos, caricias, besos..., harán que nos noten cercanos y que les demos más seguridad. Es bueno decirles que aunque estemos muy tristes por lo ocurrido vamos a ocuparnos de él lo mejor posible.


Síntomas y señales de alerta

Es inevitable el que durante un periodo de tiempo estén más afectados, al igual que nos ocurre a los adultos. Sin embargo, conviene estar atento a algunos signos de alerta tales como:

  • Exceso de llanto durante periodos prolongados.

  • Rabietas frecuentes y prolongadas.

  • Apatía e insensibilidad.

  • Un periodo prolongado en el que el niño pierde interés por los amigos y actividades que solían gustarle.

  • Frecuentes pesadillas y problemas de sueño.

  • Miedo a quedarse solo.

  • Comportamiento infantil durante un tiempo prolongado (por ejemplo, hacerse pis, hablar como un bebé, pedir comida a menudo...)

  • Frecuentes dolores de cabeza solos o acompañados de otras dolencias físicas.

  • Imitación excesiva de la persona fallecida y expresiones repetidas de la voluntad de reencontrarse con él/ella.

  • Importantes cambios en el rendimiento escolar o no querer a ir a la escuela.

Todos ellos son síntomas que se pueden dar en un proceso de duelo normal. Sin embargo, la presencia prolongada de alguno o varios de estos signos puede indicar la existencia de una depresión o de un sentimiento de dolor sin resolver. Si esto es así, conviene pedir ayuda a un profesional para que valore la situación, facilite la aceptación de la muerte y asesore a la familia en el proceso de duelo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Control de la ira. Cuando los enfados pueden ser un problema.

Todo el mundo nos enfadamos en un momento u otro de nuestra vida. Y ésta es una conducta adaptativa, nos permite el cambiar aquello que nos molesta o que consideramos injusto. El problema está en que muchas veces, este enfado se da en situaciones que no tendrían porqué generar esta respuesta o, aunque éste esté justificado, es desproporcionado con aquello que nos ha enfadado, tanto en duración como en intensidad.

Es aquí cuando se habla de problemas de ira o de control del enfado. Muchas veces la persona que lo sufre no se da cuenta de ello, y es porque las consecuencias a corto plazo son muy positivas. Todo el mundo a mi alrededor empieza a temer mi reacción, por lo que intentarán no contrariarme, saliendo mi actitud muy reforzada. Empezarán a decir que tengo muy mal genio y nos diremos a nosotros mismos que soy así, y que no tengo porqué cambiar.

Sin embargo, las consecuencias a medio largo plazo, no son tan positivas, más bien al contrario, como pueden ser un deterioro en nuestras relaciones con los demás ( a nadie le gusta que se le trate mal), problemas laborales, incompatibilidad con situaciones que requieran paciencia, sentimientos negativos hacia uno mismo ( cuando estamos tranquilos no estamos orgullosos de nuestro comportamiento)...etc.



Uno de los principales problemas a la hora de enfrentarnos a este problema es que la persona no suele tener conciencia del problema. Se habla de diferentes etapas por las que se pasa hasta que se de lugar el cambio.

  • Precontemplación
No hay conciencia del problema ni intención de cambiar. Dentro de esta fase se puede distinguir entre:
  • Acontemplación
Hay un desconocimiento total del problema. Todavía no le han llegado mensajes negativos de su entorno.
  • Anticontemplación
La persona se resiste al cambio. La culpa siempre es de los demás o de la situación, considerando que no tienen nada que cambiar.

  • Contemplación
La persona valora los pros y los contras de cambiar pero no hay un compromiso firme de hacerlo.



  • Preparación
La persona ha tomado la decisión de cambiar y da pasos activos para provocarlo.

  • Acción
La persona está en proceso de cambio dedicando esfuerzo, interés y tiempo en ello.

  • Mantenimiento
El cambio se mantiene en el tiempo.



Tenemos que darnos cuenta de que si hay una persona con este tipo de problemas en nuestro entorno debemos hacerle ver cómo su comportamiento nos está afectando, tanto a nosotros como a los demás, ya que es la única manera de que tomen conciencia de que existe un problema y se planteen el empezar a cambiarlo. Además, conviene el sugerirles que si no son capaces de controlarlo, que acudan a un especialista. Aquí doy pautas para ello.

Si nosotros mismos nos hemos visto reflejados en estas conductas alguna vez conviene plantearnos hasta que punto el enfado controla nuestra vida. Por lo general, estos enfados van dirigidos a las personas que más queremos ¿Realmente se merecen que las tratemos así? Porque podemos disculparnos después, intentar compensar, pero el daño ya está hecho.

Es hora de aprender a controlarnos ¿En qué fase te encuentras?

miércoles, 28 de enero de 2015

Niños: cuando la hora de irse a la cama es un problema

El dormir es una actividad fundamental en el ser humano. Una buena higiene de sueño nos va a permitir el poder desarrollar las actividades del día de una manera adecuada y poder disfrutar de ellas plenamente. Sin embargo, ocurre que muchas veces los niños pueden tener problemas en este ámbito, desesperándose los padres a la hora de conseguir que se duerman.

Aquí van una serie de consejos que pueden ayudar a que el niño duerma mejor:
  • Tener siempre los mismos horarios de sueño, y asegurarnos que duerman el número de horas necesario. Así:

    • De 6 a 8 años, lo recomendable es que duerman 11 horas.

    • De 9 a 11años, serían 10 horas.

    • De 12 en adelante, 9 horas.

    De esta manera nos aseguramos de que el niño esté descansado y pueda rendir y disfrutar totalmente al día siguiente. Si cumplimos unos horarios fijos a la hora de dormirse e irse a la cama, es mucho más fácil que el niño entre en esa rutina.
  • Es bueno una media antes de irse a dormir, llevar a cabo actividades que inciten al sueño. Ello implica actividades tranquilas y que no activen al niño, como puede ser hacer un puzzle, un dibujo, leer un cuento juntos...etc. Nuestro cuerpo de manera natural empieza a sentir sueño cuando va notando que la luz disminuye. Es por ello que actividades como ver la televisión o jugar con la consola o la tablet, con pantallas iluminadas, van a hacer que el niño se active más en lugar de relajarse.

  • Una vez sea la hora de dormir, se recomienda el seguir siempre las mismas rutinas, que vayan indicando a nuestro cerebro que es la hora de dormir: despedirse, lavarse los dientes, leer un cuento o que le cuenten uno en la cama...etc.


  • En ocasiones, ses muy frecuente que algunos niños estén durante un buen rato haciendo llamadas al adulto para diversas necesidades ( sed, ir al baño..etc) por lo que el padre o la madre hacen continuos viajes a la habitación del niño. Aquí es aconsejable el anticiparse a todas estas demandas, incluyendo, por ejemplo el ir al baño antes de irse a la cama como una de sus rutinas. O tener un vaso o una botella pequeña al lado de la cama para que pueda beber si tiene sed ( no es recomendable que beba mucho liquido, ya que si no, tendrá que despertarse varias veces para ir al baño durante la noche). Al niño se le dirá que una vez se haya dormido, no se va acudir más, y que si quiere algo, lo tiene al alcance de su mano.

  • Hay veces que se mete al niño en la cama de los padres tras una pesadilla, o algo negativo que le haya pasado ese día. De manera puntual no hay ningún problema, pero si acostumbramos al niño a que duerma con nosotros en la cama, luego va a ser más difícil el que él pueda volver a dormir solo en su cama.

  • Muchos niños tienen miedos que les impiden dormir con tranquilidad. Ante esto, en primer lugar: 

    • No reirse ni ridiculizar sus miedos. Aunque a nosotros nos pueda parecer gracioso, para ellos es algo muy importante. 


    • Podemos enseñarles afrontarlos, mediante juegos durante el día que les resten importancia Por ejemplo, “cazar” al monstruo (habiendo escondido un uguete por algun lugar de la casa), explorar habitaciones en penumbra(haciendo una búsqueda del tesoro) es decir, asociar algo divertido a aquello que les da miedo...etc enseñándole como no pasa nada.(en esta entrada de miedos en Halloween doy algunas pautas más).

    • Por último, el acercarles de manera gradual a que puedan dormir sólos y a oscuras. Así al principio pueden dormirse con la luz del pasillo encendida, con una luz de noche o con el padre o la madre en la habitación, para luego ir retirando de manera gradual estos apoyos.

    Hay que tener en cuanta que esto son pautas generales. Si vemos que el miedo persiste o que no está proporcionado (esta entrada ofrezco más información), sería aconsejable el acudir a un especialista que nos pudiera aconsejar de manera más específica.

    Espero que estas pautas ayuden a dormir a toda la familia. ¡Felices sueños!

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Problemas de alimentación en niños

Muchas veces, la hora de las comida con los niños pueden convertirse en un momento desagradable tanto para padres como para el propio niño. Por un lado, el niño aprende a asociar la comida con un momento desagradable del día, mientras los padres se desesperan buscando nuevas estrategias para conseguir que éste coma.

Aquí van una pautas generales que pueden ayudar a que este momento sea más agradable

  • Muy importante, armarnos de paciencia y no perder la calma. El que adquieran los hábitos que queremos es una carrera de fondo, en la que debemos mantenernos constantes en el objetivo que nos hayamos marcado. No se puede pretender conseguir todo en un día.

  • Es importante ir introduciendo poco a poco alimentos nuevos en su dieta, acostumbrándole a que pruebe de todo. Hay que prestar atención a la conducta que vean en los padres, ya que tenderán a imitarles. Si papá o mamá no comen nunca pescado es difícil que se convenza al niño para que éste lo coma.


  • Hacernos a la idea de que el que coma cosas nuevas o que adquiera la habilidad de comer solo va llevarnos su tiempo, los atajos nunca son buenos. Si estamos intentando, por ejemplo, que pase a comer comida sólida, pero le trituramos todo porque se lo come más rápido, estamos haciendo que cada vez le sea más difícil el dar el salto a lo sólido. Lo mismo ocurre si le damos de comer en vez de dejar que practique con los cubiertos. Vamos más rápido, pero nunca aprenderá a usarlos.

  • Parece de sentido común, pero muchas veces se nos olvida. El niño debe llegar con hambre a la hora de la comida. Si antes ha comido cualquier otra cosa, es muy difícil que coma aquello que nosotros queremos. Si tiene “chuches” o caramelos, que las tome después de haber comido, de manera que las vea como una recompensa. Así, también evitamos que las coma en exceso, ya que tendrá mucha menos hambre.


  • Si hay un alimento que rechaza, podemos condicionar algo que le guste mucho a la ingesta previa de dicho alimento. Por ejemplo, si no le gusta el puré pero le encanta el yogur, le dejaremos probar una cucharada de yogur cuando haya comido una de puré, para posteriormente ir aumentando las cucharadas de puré necesarias para conseguir el yogur.

  • Es importante prestar atención a aquello que queremos que se repita, ya que por lo general solemos hacer todo lo contrario. Así, cuando está comiendo estamos haciendo otras cosas y cuando no come es cuando estamos encima de él. Lo más útil es recordarle con voz tranquila cuando no lo esté haciendo que tiene que comer (y no prestándole mayor atención después) y cuando lo haga, reforzarle con halagos, hablando con él....etc.


Si observarnos que los problemas persisten, y tras haber descartado una causa médica que haga que éstos existan, un profesional puede ayudarnos.
Un psicólogo puede evaluar al niño de manera individual y elaborar una serie de pautas más específicas que permitan a los padres saber cómo enfrentarse a estas situaciones, de modo que las comidas vuelvan a ser algo placentero para todos, y no una continua lucha.

lunes, 27 de octubre de 2014

¿Sirven los libros de autoayuda?

Muchas veces las personas con las que trato me piden que les recomiende algún libro de autoayuda que sea eficaz y que funcione. Y mi respuesta es siempre la misma, depende del libro y depende de la persona.

Obviamente, hay libros muy buenos, que te pueden hacer reflexionar acerca de aspectos que no te habías planteado y libros no tan buenos, que apenas nos sirvan para nada.
No cabe duda de que muchos libros nos hacen pensar y descubrir aspectos a los que no nos hemos acercado nunca, o a los que apenas hemos prestado atención. También nos pueden servir como modelos a la hora de cambiar, si nos identificamos con lo que allí se cuenta.
Sin embargo hay que tener en cuenta que lo que siempre se cuenta en un libro son “recetas” cerradas. No se puede interaccionar con ellos, no se les puede preguntar. Así habrá aspectos del libro que te sirvan, otros que no, así como también habrá libros que te sean útiles y otros que no lo sean. Incluso dependiendo de tu momento vital, puede que unos consejos te puedan ser útiles en un momento dado pero no en otro.


Por otro lado, tenemos que tener en cuanta a la persona. Hay quien es capaz de entender mejor las explicaciones del libro y hay quien no, quien está dispuesto a dejarse aconsejar y guiar y quien se acerca al libro con recelo, con la idea perenne “yo no creo en estas cosas” ( como si de una religión se tratase). Incluso aunque estés leyéndolo con toda tu atención, hay personas que no son capaces de empatizar con lo narrado o de aplicar lo leído a su propia vida.

Por eso, estos manuales hay que tomarlos como lo que son, guía de ayuda estandarizados y que no tienen porqué adaptarse perfectamente a cada uno de nosotros ( igual que no todos tenemos la misma talla de pie o de ropa). No existe un receta única para estar bien. Ojalá, pero las personas somos mucho más complicadas que todo eso.

Nunca esperamos convertirnos en grandes chefs con un libro de cocina, o en grandes guitarristas aprendiendo a tocar unas pocas canciones. Sin embargo, pretendemos que al leernos un manual de autoayuda, nuestra vida cambie radicalmente. Y eso, por lo general, no ocurre.


De modo que no dejemos de lado a la psicología porque un manual no haya funcionado y confiemos en los profesionales.
Un buen psicólogo evalúa como estás realmente, se va adaptando a cada persona y situación de ésta, aplicando las técnicas y procesos adecuados para el cambio, acompañando y apoyando a la persona. Se adapta a cada uno, a su ritmo de aprendizaje, a lo que está dispuesto a afrontar o no y en qué momento. Resuelve tus dudas y te ayuda a ver que aspectos personales están haciéndote daño y cómo los podemos cambiar.

Es un camino que hay que recorrer para poder estar bien. Y si hay una persona que nos pueda ayudar a hacer nuevos mapas para nuestra vida, encontraremos la meta perfecta para cada uno, no la que pueda poner en un libro u otro.

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Qué es un ataque de pánico?

Es un término bastante corriente, pero ¿conocemos realmente que es un ataque de ansiedad?

Nuestro cuerpo está preparado para reaccionar ante una situación de peligro, o que nosotros consideremos amenazante. Así, nos preparamos para actuar, haciendo que el corazón lata más rápido, para que lleguen más sangre y oxígeno al cerebro y a los músculos, nuestra tasa de respiración aumente, ya que necesitamos ese aporte extra de oxígeno, los músculos se ponen en tensión..etc. Es decir, nuestro cuerpo se prepara para actuar.

Si la amenaza es real y el nivel de activación se corresponde con el de la amenaza, no hay ningún problema, actuamos en consecuencia. Éste surge cuando esta respuesta se dispara en situaciones que no consideramos una amenazantes, o empieza a dispararse en situaciones que antes no lo eran, dando lugar a una activación desproporcionada, creándose el ataque de pánico.

Los síntomas son:

  • Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración
  • Temblores o sacudidas
  • Sensación de ahogo o falta de aliento.
  • Sensación de atragantarse.
  • Opresión o malestar torácico.
  • Nauseas o molestias abdominales.
  • Inestabilidad, mareo o desmayo.
  • Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (sensación de estar separado de uno mismo)
  • Miedo a perder el control o a volverse loco.
  • Miedo a morir.
  • Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo)
  • Escalofríos o sofocaciones.


No a todo el mundo le dan los mismos síntomas, depende de la biología de cada persona. En lo que sí que coinciden todos es en que es un momento muy desagradable y aterrador. Hay incluso quien lo confunde con un ataque al corazón.

Como se ha pasado tan mal, solemos estar más activados y alerta por si se vuelve a producir, acción que consigue justo el efecto contrario al deseado, aumentando probabilidad de que se de un nuevo ataque. Se entra así en un círculo vicioso del que es difícil salir.

No obstante, hay tratamientos eficaces que pueden hacer que controlemos nuestra ansiedad de la manera adecuada y que no sea ésta la que condicione nuestras vidas, sino nosotros la que la controlemos a ella.

Tan sólo hay que dar el primer paso.

lunes, 6 de octubre de 2014

Psicoterapia, algo más que un remedio rápido

A todos nos gustaría que existiera algo instantáneo, fácil, que nos aliviara rápidamente de nuestro dolor, de nuestra angustia, de nuestro malestar, de nuestra pena.


Y no nos damos cuenta de que, por mucho daño que nos hagan, por mucho que nos afecten los acontecimientos de nuestra vida, éstos forman parte de nuestro existir, de nuestra percepción de las cosas, de nuestras vivencias e interpretaciones de éstas, de las estrategias que hayamos aprendido o que desconozcamos, de cómo nos enfrentamos a ellos según se van sucediendo.

Porque a fin de cuentas, el que seamos felices o no, depende de cómo nos enfrentamos a la vida, de aquello que nos va sucediendo y de cómo lo vivimos. Y no podemos aprender a sentirnos bien tan sólo con una pastilla. Ojalá. En este vídeo de la APA (American Psychological Association) nos explican este concepto.



Requiere un proceso, más o menos largo, más o menos difícil.

Depende de la persona, depende del problema. Requiere el identificar aquello que nos hace estar mal y aprender como cambiarlo. El adquirir herramientas y estrategias que antes no teníamos, el darnos cuenta de cosas que desconocíamos o que nos negábamos a ver. 

Requiere el darnos cuenta y reconocer que necesitamos ayuda. Una vez dado el paso, y trabajando en ello, todo se puede mejorar. Tan sólo hay que intentarlo.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Discusiones en pareja. Cómo afrontarlas.

Una de las situaciones que más erosiona a la pareja es la de una discusión o, más bien, las discusiones constantes. Muchas veces nos perdemos en ellas, olvidándonos de la razón inicial de éstas haciéndonos daño el uno al otro.




 El ideal en pareja no es no tener diferencias de opinión, ni callarnos aquello que nos ha molestado del otro, todo lo contrario, tenemos que ser capaces de hablar de todo ello pero de una manera constructiva, sin hacer daño a la otra persona y sin que ello degenere en una gran pelea. Aquí van algunas pautas:

  • Tener claro cual es nuestro objetivo. Es decir, qué queremos conseguir. Puede ser el llegar a un acuerdo acerca de un tema en disputa, el expresar cómo nos hemos sentido ante algo que nos ha molestado del otro, el pedir que cambie algo o que, por el contrario, deje de hacerlo...etc. Una vez definido nuestro objetivo, deberemos ceñirnos a él y hacer que la conversación no se salga de ahí.

  • Si algo nos molesta es mejor decirlo lo más cercano posible en el tiempo. Si no es así, vamos acumulando rencor y “estallamos” por cosas que para nuestra pareja no tiene ninguna importancia , pero que para nosotros puede ser la gota que colme el vaso.


  • No insultar , ni aprovechar para echar en cara ni remover hechos pasados. Lo pasado, pasado está. De nada sirve sacar a colación algo que ocurrió hace tiempo. Recordemos que debemos ceñirnos a nuestro objetivo, y remover todo aquello que nos enfadó en el pasado no nos va a ayudar a ello.

  • Plantear nuestra opinión de manera tranquila y pausada. Mientras uno de los dos hable, el otro debe escuchar sin interrumpir. En cuanto uno de los dos levanta lo voz, chilla, o falta al respeto a la otra persona, pierde toda la razón que pueda tener.

  • Intentar ponerse en el lugar del otro. ¿Porqué ha actuado de esa manera? Si se ha equivocado ¿Cómo me gustaría que mi pareja me lo dijera?¿De qué manera me sentiría mejor?.
  • Si tras un rato no se llega a ninguna solución, es mejor cortar la comunicación y acordar entre los dos otro momento para hablarlo, en el que ambos os hayáis calmado y reflexionado acerca de la mejor manera de enfocar el asunto.


El lograr una buena comunicación en pareja es complicado, sobre todo si ya se han instaurado en ella dinámicas negativas que hacen que ésta sea complicada. 



Muchas veces ayuda el acudir a un profesional para que éste pueda ayudar a ambos miembros de la a comunicarse de una manera adecuada antes de que la pareja se deteriore demasiado.


martes, 2 de septiembre de 2014

Fin del verano ¿Tan horrible es?

Estamos en Septiembre, y aunque según el calendario todavía quedan algunos días de verano, para muchos es sinónimo de vuelta al trabajo, a la rutina de lo cotidiano y que tan lejos hemos dejado en las vacaciones.
Nos angustiamos pensando en una fecha del calendario, supeditando nuestra felicidad a ésta.



Sin caer en los consejos que se dan todos los años, aquí van algunas ideas para que está época no sea tan mala como nos tememos:

  • Evitar pensar de manera catastrófica; frases como “Se acabó lo bueno” “Hasta el año que viene no voy a poder volver a disfrutar” “Esto es horrible” se repiten una y otra vez en nuestras cabezas, pero, seamos realistas ¿Tan malo es? Está claro que a nadie le gusta que se acaben las vacaciones, pero también somos capaces de ser felices en invierno, y de pasar buenos momentos en cualquier época del año. Claro que vamos a volver a disfrutar, a hacer cosas divertidas, a descubrir lugares y personas nuevas.
  • Ni blanco ni negro. Ni en verano hemos estado el 100% del tiempo pasándolo siempre bien ni en invierno estamos todo el día amargados. Miremos las cosas con perspectiva y seamos sinceros con nosotr@s mism@s.
  • Seguir con actividades agradables.Todavía podemos hacer muchas de las actividades que hemos hecho durante el verano: quedar con amigos y familia pasear, ir a la piscina o a una terraza...La diversión no está supeditada a una sola época. Además, a cada época se van sumando actividades nuevas.

  • Fijarnos también en los aspectos positivos de la vuelta a nuestra rutina, como puede ser el volver a estar en nuestra casa, el volver a ver a nuestros amigos y compañeros, el saber que hay celebraciones cercanas que nos pueden gustar, ya sean fiestas, cumpleaños...etc, el empezar de uevo con las actidades que nos gustaban y que ha quedado suspendidas por el verano.

  • Éste es también un buen momento para plantearnos nuevos retos, por ejemplo, aprender a cocinar, hacer algún deporte nuevo, realizar algún voluntariado...etc.

  • Y por último, vamos a permitirnos un período de adaptación, que nos permita ir poco a poco volviendo a nuestra vida, ya que somos nosotros quienes elegimos y controlamos cómo estar.



    Y recuerda, el final de algo, por muy bueno que haya sido, no implica que lo que venga después no vaya a ser mejor.