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lunes, 14 de diciembre de 2015

El poder de la atribución

¿A qué atribuyes tus éxitos y tus fracasos? ¿Qué factores son los responsables de que triunfes o de que no consigas lo que has pretendido? Dependiendo de a qué le demos más peso o que factores tengamos en cuenta, estaremos haciendo un tipo de atribución u otra.

Aunque existen varios tipos, principalmente podemos hacer dos tipos de atribución:

  • Atribución interna: lo que ha pasado es responsabilidad de la persona. Por ejemplo, si he suspendido un examen es porque no he estudiado, luego la causa está en mí.
  • Atribución externa: lo que ha ocurrido es responsabilidad de los otros o de factores externos. Que no tienen nada que ver con uno mismo. Así, siguiendo el ejemplo del examen, diré que he suspendido porque el examen era muy difícil o porque el profesor me tiene manía.

Como con la mayor parte de las características psicológicas, tan malo es el situarnos en un extremo como en el otro. Es decir, una persona con una visión adecuada de las cosas sabrá atribuir de la manera adecuada. Algunas veces será su responsabilidad y otras será culpa de factores que no tengan que ver con ella.

Los problemas, como he dicho anteriormente vienen cuando tendemos a hacer cierto tipo de atribuciones y dejamos las otras de lado, así:

  • Cuando atribuimos todos nuestros problemas a factores externos, dejamos de responsabilizarnos de ello, por lo que no debemos actuar, porque no es culpa nuestra.
    Por ejemplo:si no apruebo por culpa del profesor, dejare de estudiar, al igual que si cuando te chillo es por tu culpa que me haces enfadar, yo no tendré que controlarme.
    De igual modo, con elementos positivos tampoco es bueno. Si gano un concurso de dibujo será debido a la suerte, no a que dibuje bien.


  • Cuando atribuimos todo a factores internos, nos echamos la culpa de todo lo que ocurre, independientemente de que hayan podido influir otros factores o no.
    Así, por ejemplo, si mi equipo de trabajo no ha conseguido sus objetivos, será por mi culpa que he hecho mal mi parte.

En el equilibrio está la virtud. Puede parecer intrascendente pero el que tendamos hacia un sentido u otro puede influir muy negativamente en nosotros.

Así hay teorías acerca de la depresión que hablan, entre otros factores, de un déficit atribucional como desencadenante y mantenedor de ésta. Así una persona deprimida,tendrá los siguientes problemas atribucionales:

  • Interna/externa atribuirá todo lo negativo de manera interna, siendo todo culpa suya. Sin embargo las cosas buenas que le pasan siempre son externas, ya que no tienes que ver con ellas. Por ejemplo: Si saco un diez en matemáticas es porque el examen era demasiado fácil. Si suspendo es culpa mía porque soy un desastre.




  • Estable/Inestable tiene que ver con que si las cosas son siempre así o si van cambiando. Siguiendo con el mismo ejemplo,si hago una atribución estable, tenderé a pensar que siempre suspendo todos los exámenes, luego no valgo para estudiar. Si, por el contrario, mi atribución es inestable, veré que hay exámenes de matemáticas que suspendo y otros que apruebo, luego tan mal no lo haré. Una persona con depresión tiende a interpretar todos los sucesos negativos como algo estable y que no va a cambiar.

  • Global o específica se relaciona con que si lo que nos ocurre se da en todos los ámbitos ( entonces sería algo global) o si , sin embargo, sólo se da en un ámbito de nuestra vida (específico). Siguiendo con nuestro ejemplo, si interpretase el suspenso de manera global, daría por hecho que en todas las asignaturas voy a suspender, ya que no se me da bien estudiar. Sin embargo, si lo interpretase de manera específica vería que es posible que las matemáticas se me dieran mal, pero que hay otras asignaturas que domino, luego es esa área en específico la que tengo que mejorar.


En conclusión, tenemos que prestar especial atención a nuestras atribuciones, intentando encontrar ese equilibrio que nos llevará a atribuirnos sólo aquellas cosa de las que somos realmente responsables, tanto buenas como malas y a hacerlo de la manera adecuada.
Si vemos que tenemos problemas en ese ámbito y, sobre todo, si vemos que tenemos tendencia a atribuir todo de una manera interna, estable y global, quizá sea el momento de consultar a un especialista que nos ayude a cambiar.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Autoestima, qué es y cómo mejorarla

Existen muchas definiciones de autoestima. Se la podría describir como el resultado de la opinión que una persona tiene sobre si misma: de su apariencia física, de sus aptitudes, de sus éxitos profesionales y personales, de la riqueza de su vida afectiva...etc.

Hay quien incluso la define en los dos siguientes puntos:

  • Percepción de una aptitud personal, es decir, de que somos capaces de hacer cosas, conseguir nuestros objetivos y proyectos.

  • La convicción íntima de tener valor como persona. Es decir, hagamos bien o mal las cosas, siempre vamos siempre vamos a ser valiosos, simplemente por el mero hecho de existir.

Ahora bien, ¿Cómo podemos mejorarla? ¿Qué cosas pueden influir en que tengamos una autoestima más o menos sana?

  • Construye una imagen realista de tí mismo . La autoimagen, o como nos vemos a nosotros mismos depende, de los mensajes que nos mandan los demás y, sobre todo, de los mensajes que nos mandamos nosotros mismos. 

    Si, por ejemplo nos han dicho toda la vida que somos unos torpes, acabaremos   creyéndonoslo. Sin embargo si empezamos a reflexionar y nos damos cuenta de que hacemos muchas cosas bien, esa imagen de torpe desparecerá, dando paso a una más realista. 

    Por otro lado, hay que diferenciar entre ser torpe, malo, tonto..etc y comportarnos de manera torpe, mala o tonta. Todos tenemos derecho a equivocarnos y cometer errores y eso no significa que siempre lo hagamos mal.


  • Ten cuidado con tu diálogo interno, es decir, el cómo nos hablamos a nosotros mismos. Muchas veces nos tratamos peor que a nuestro mayor enemigo, castigándonos y regañándonos continuamente. 

    No se trata de no animarnos a seguir o de no ver nuestros errores, sino de hablarnos de una manera comprensiva. Así por ejemplo, no es lo mismo decirnos:

     “ eres un desastre, no deberías tener este tipo de errores, siempre te equivocas, todo lo haces mal” .

    que el decirnos: 

    Bien, he cometido un error. No me gusta cometerlos, pero puedo equivocarme como todo el mundo. Para la próxima estaré más atento para no volver a equivocarme”.



  • Defiende tus derechos (pincha aquí para conocer tus derechos asertivos) y ten un comportamiento asertivo con los demás. Nuestra opinión vale lo mismo que la de los otros, al igual que nuestros sentimientos y emociones. Si nosotros somos los primeros que no nos valoramos, es más difícil que el resto lo haga también.

  • Evita la procastinación, es decir, la tendencia a dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. 

    Muchas veces, y sobre todo cuando la tarea es difícil o nos pone nerviosos tendemos a postergarla en el tiempo. Esto hace que nos sintamos mal con nosotros mismos y que nos juzguemos de una manera muy negativa. A partir de aquí, entramos en un círculo vicioso. Como nos sentimos mal, no hacemos las cosas, sintiéndonos cada vez peor y disminuyendo cada vez más la posibilidad de que nos pongamos a ello.

    Sin embargo, cuando hemos hecho algo que consideramos difícil, el efecto es el contrario; nos sentimos muy bien con nosotros mismos, aumentando la posibilidad de que hagamos cada vez más tareas. Nos sentiremos eficaces y nuestra autoestima aumentará.


  • Reflexiona y reconócete tus aciertos y logros. Todos hemos hecho cosas bien y mal a lo largo de nuestra vida, pero siempre tendemos a centrarnos más en lo negativo. Cada uno sabemos qué es lo que más nos ha costado conseguir, de qué estamos orgullosos.

    Un ejercicio muy útil es reflexionar al final de cada día sobre aquellas cosas que hayamos hecho bien durante toda la jornada. No hace falta que sean grandes cosas, pero si nos paramos a pensar, nos daremos cuenta de la cantidad de éstas y de como, por lo general, no le damos ninguna importancia.



    En definitiva, la autoestima depende de muchos aspectos, pero está claro que tenemos un papel muy importante de cara a que ésta sea alta o baja. Si a pesar de todo, no se consigue que la autoestima mejore, quizá ha llegado el momento de consultar a un profesional para que nos ayude de una manera más específica y personalizada.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Cómo ayudar a alguien con depresión?

Muchas veces me encuentro con que las personas que conviven con una persona con depresión se encuentran perdidas a la hora de cómo tratar con ellas ¿Hay que estar todo el día encima o dejarle solo? ¿Qué hacer cuando se niega a hacer nada?¿Sirve de algo enfadarme con él o ella? Aquí doy algunas pautas:

  • En primer lugar, es importante armarnos de paciencia y entender lo que está pasando la persona. Cuando estamos deprimidos no tenemos ganas de hacer nada, tareas que antes eran placenteras y hacíamos sin dificultad ahora nos suponen un esfuerzo imposible. En este enlace explico en qué consiste la depresión.

  • En segundo lugar es importante escucharle, hacerle ver que estamos ahí, para ayudarle y apoyarle en lo que haga falta, que entendemos que lo está pasando mal, pero que puede salir de ella.



  • Es importante hablar , pero no todo el tiempo de lo mal que está. En personas con depresión es muy normal el que rumíen sus preocupaciones y problemas y les cueste pensar en otra cosa. Es importante que se sientan escuchados, pero también deben centrar su atención es otros temas, y ahí si que les podemos ayudar también.

  • Tenemos que animar a la persona de manera continua y constante a que vaya haciendo cosas y moviéndose. Es lo que en consulta llamamos activación conductual. Cuando alguien está deprimido tiende a no realizar ninguna actividad, a quedarse quieto e incluso a no levantarse de la cama. Es importante que salga de casa, que haga cosas que antes le gustaban, aunque ahora no tenga ganas o no lo disfrute tanto como antes. Poco a poco, la persona deprimida se irá encontrando mejor.


  • Animar, pero sin enfadarnos. Es muy probable que la persona se niegue a salir o a hacer algo y es entendible que nos enfademos. Aquí es importante no perder la alma y volver a intentarlo más tarde. Se consiguen más cosas siendo constantes que con una gran pelea, que sólo hará que la persona con depresión se sienta peor.

  • Es importante no condicionar nuestra vida a la de la persona con depresión. En consulta he tenido muchas parejas en las que ha empezado a estar deprimido uno de los dos y ha arrastrado al otro. Si tenemos que salir, si hemos quedado con otras personas, o nos apetece hacer algo es importante que lo hagamos, animando al otro a que nos acompañe, pero no cancelando nuestros planes si el otro no quiere venir. Es mucho más fácil que se anime a salir si ve que se queda solo que si ve que nos quedamos en casa.


  • No convertirle en un inválido/a. Cuando alguien a quien queremos se encuentra mal, es muy normal que tendamos a hacerle la vida un poco más fácil, ayudándolo o haciendo sus tareas. Sin embargo , en una persona con depresión, el efecto es justo el contrario. Se sentirá mal por tener que molestar al otro y, lo que es peor, la creencia de que no es capaz de hacer las cosas cada vez se hará más y más fuerte.


  • Tener en cuenta de que aunque la persona haya cambiado, nuestro ser querido sigue ahí, debajo de capas y capas de tristeza. Es importante tenerlo en cuenta para no desesperanzarnos y seguir luchando. La depresión se puede superar y podemos volver a ser los de antes.

  • Por último, es importante que esté recibiendo el tratamiento adecuado. Si la persona no lo está recibiendo es importante el convencerlo para que lo haga ( doy algunas pautas aquí ). Si por el contrario, está acudiendo a un profesional , es importante que le preguntemos todas nuestras dudas y nos aconseje de la mejor manera de proceder.


    La Organización Mundial de la Salud publicó un vídeo que trata también este tema, de una forma muy clara.



    En definitiva. Es duro el acompañar a alguien con depresión, pero debemos ser conscientes de lo que podemos hacer y lo que no. Y si nos vemos sobrepasados, el pedir ayuda.

viernes, 3 de julio de 2015

Hipnosis clínica, mitos y realidades

La hipnosis es una técnica usada en la psicología y que en algunos aspectos puede ser muy eficaz.
Sin embargo, el que haya sido utilizada en otros contextos ( espectáculos, donde los hipnotizados hacen las más variopintas actuaciones, por ejemplo) hacen que haya perdido credibilidad y que todos la afrontemos con algo de reticencia.


¿Qué hay de verdad o no en lo que hemos visto en los espectáculos, en las películas?

Hay muchos mitos acerca de ella. Iremos analizándolos uno a uno:
  • Es una forma de sueño en la que no te enteras de nada y en la que la persona que te hipnotiza puede hacer contigo lo que quiere
    Falso. Nadie pierde la conciencia estando hipnotizado, de hecho, la persona posteriormente recuerda todo lo que se ha hecho y nunca, repito, nunca, haría nada que no quiera. Es más una colaboración entre hipnotizador e hipnotizado que un control sobre la mente de la persona.



  • Puedo quedarme “colgado”
    Falso. Cuando se hipnotiza a alguien si que es verdad que es el propio hipnotizador el que le saca de es estado, pero todos seríamos perfectamente capaces de salir por nosotros mismos si así lo queremos. Nunca perdemos el control y si seguimos hipnotizados es porque queremos, no porque nos obliguen.

  • La persona hipnotizada no puede mentir
    Falso también. La persona controla aquello que dice.

  • La persona hipnotizada hará todo lo que el hipnotizador le pida
    Falso. Si la persona no quiere, no lo hará. En terapia se habla antes de lo que se va hacer y, siempre y cuando la persona esté de acuerdo se trabaja mediante hipnosis.


  • Supone la pérdida del control
    Falso. Nadie hipnotizado haría algo que no haría estando despierto.

  • Es peligrosa
    En absoluto, es una técnica totalmente inocua, que no deja ninguna secuela.

  • Crea dependencia
    Falso. Nadie se vuelve dependiente de ella. Es una técnica más como otras muchas usadas que tiene un fin determinado.

¿Qué es entonces la hipnosis?

Es un estado de consciencia en el que podemos focalizar la atención de una manera más elevada que en cualquier otro estado, permitiendo el poder trabajar determinados ámbitos de una manera más rápida y eficaz.


¿Para qué puede usarse?

Como decía, es una técnica más que se utiliza para trabajar en diferentes casos. Yo en terapia la aplico a diferentes personas ( siempre y cuando éstas estén de acuerdo) con buenos resultados, sobre todo en casos de ansiedad o de dolor crónico (no cura la dolencia, pero puede ayudar a reducir la sensación de dolor).

¿Se puede hipnotizar a todo el mundo?

Antes de hipnotizar, hay que evaluar a la persona y ver hasta que punto esta técnica será eficaz o no con ella, al igual que el médico nos evalúa antes de ponernos uno u otro tratamiento. Hay personas a las que es más fácil hipnotizar que a otras, existiendo incluso algunas a las que no se les puede hacer entrar en este estado. Depende de muchas variables, pero no de la inteligencia o credulidad de las personas, siendo ésta una creencia errónea muy extendida.

¿Es una técnica mágica que sirve para todo?

Ni mucho menos, pero esto no quiere decir que no sea eficaz. Como todo, usada de la manera adecuada y en situaciones que lo requieran, puede ser muy útil.
Hay que desconfiar, por tanto de quienes la vendan como una cura para todo, al igual que desconfiamos de aquel anuncio en el que nos prometen la pastilla mágica que curará todos nuestros males.








lunes, 22 de junio de 2015

¿Por qué me sigue afectando lo que pasó?: el estrés postraumático

El trastorno de estrés postraumático se define como la exposición a un acontecimiento traumático durante el cual se se experimenta temor, desamparo u horror, que posteriormente se revive a través de recuerdos y pesadillas.

¿Por qué tipo de acontecimientos puede desarrollarse es tipo de trastorno?

Tenemos muy interiorizado el que se de en personas que han pasado por una guerra o una violación, pero también se puede dar en accidentes de tráfico, atracos, catástrofes naturales, e incluso la muerte de un ser querido.

En general son situaciones que para nosotros han sido traumáticas, en las que vemos que nuestra vida o la de la otra persona ha corrido peligro.



¿Todo el mundo después de una situación así experimenta un trastorno de este tipo?

No, no todo el mundo lo desarrolla. Hay personas que han pasado por situaciones muy negativas y este tipo de trastorno no se ha desarrollado.



¿Por qué se caracteriza?
  • Se reexperimenta el acontecimiento a través de recuerdos y pesadillas.

  • Estos recuerdos reaparecen de súbito, volviéndose a revivir lo pasado con gran intensidad (son los llamados flashbacks).

  • Se evita cualquier situación o cosa que les recuerde al trauma vivido ( por ejemplo, evitar montar en coche si se ha tenido un accidente).

  • Embotamiento emocional, es decir, evitación de emociones intensas, tanto positivas como negativas por miedo a que éstas puedan volver a traer recuerdos de aquello que les causó el trauma. Se puede dar además una sensación de desapego frente a los demás, desesperanza respecto al futuro, restricción de la vida afectiva ( por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor)...etc


  • Sobreactivación, caracterizada por: problemas para conciliar o mantener el sueño, irritabilidad o ataques de ira, dificultad para concentrarse, ataques de ira o respuestas exageradas al sobresalto.

¿Empieza inmediatamente después de del suceso traumático o puede pasar más tiempo hasta que se dé?

Se suele desarrollar después del suceso, pero pueden pasar meses después de éste y empezar a darse entonces. Por lo general esto suele coincidir con la exposición a algo que nos recuerde lo ocurrido. Por ejemplo, si me han atracado en una calle oscura, al volver a pasar por esa calle en concreto, o al pasar por una calle sin luz.


¿Hasta que punto es normal? ¿Cuándo debo empezar a preocuparme?

Después de un acontecimiento de este tipo, es muy común que se den este tipo de síntomas. Lo ideal es buscar apoyo en personas de nuestro entorno y hablar de lo ocurrido de manera que lo podamos ir elaborando y convertirlo en un mal recuerdo, pero que no nos pueda hacer daño. Si pasa un tiempo y los síntomas van bajando y desapareciendo por sí solos, no hay de qué preocuparse.

Sin embargo, si éstos síntomas duran más de un mes o si tienen una intensad muy elevada llegando a afectarnos demasiado, es recomendable el acudir a un psicólogo que nos pueda ayudar a afrontarlo y a que no nos pueda afectar en nuestro día a día, ya que es muy poco probable que desaparezca solo, más bien al contrario, puede llegar a cronificarse.

jueves, 28 de mayo de 2015

Voy a terapia ¿Soy débil por ello?

Muchas veces se plantea en consulta la idea de que una persona que acude a terapia es una persona débil, que necesita siempre ayuda, que es menos que los demás.

Y ésta es una idea muy peligrosa.

Al igual que no somos más débiles por rompernos una a pierna o pillar una pulmonía muchas veces asociamos una intencionalidad ( estás así de mal porque quieres) o una debilidad de carácter a las personas que sufren un problema psicológico cuando no existe ninguna relación entre ambos factores. Es decir, hay personas que pueden ser consideradas más débiles por los demás y no precisar nunca de terapia y hay personas consideradas por los demás como fuertes que si lo necesitan.

Yo siempre admiro a todos aquellos que acuden a intentar mejorar y ser más felices, ya que lejos de ser débiles, son personas más o menos fuertes, con más o menos recursos que se han encontrado con una situación a la que no podían hacer frente. Y han sido lo suficientemente inteligentes como para pedir ayuda.

Lejos de criticar o de juzgar a las personas que acuden a consulta, les puedo atribuir muchas cualidades positivas, como pueden ser:

  • Valentía a la hora de enfrentar sus miedos.
    Siempre es difícil el reconocer ante otra persona ( aunque sea un psicólogo y te de toda la confianza del mundo) tus problemas y debilidades, aunque sepamos que nos va a intentar ayudar. Por otro lado, una vez en terapia, se afrontan y resuelven problemas muy íntimos, siendo algunas veces muy duro para la persona.
    Hay que tener valor para afrontar los problemas y ponerles una solución. Hay quien se encuentra mal y se niega a reconocerlo o a pedir ayuda ¿Es ésa una persona más valiente que quien acude a terapia?.




  •    Son personas trabajadoras a la hora de ir elaborando y afrontando los problemas
    Todas las terapias son mas o menos activas (depende de la orientación) y requieren un trabajo de la persona que está acudiendo. No es como cuando vamos a la peluquería, que nos “dejamos hacer”. La persona que está acudiendo a un psicólogo realiza un trabajo constante, difícil y muchas veces agotador mentalmente hablando.



  • Se responsabilizan de sus emociones y de su bienestar.
    Una de las cosas que se aprenden en terapia es a responsabilizarnos de nosotros mismos y de nuestro bienestar. No somos sujetos pasivos ante los problemas que nos van viniendo. Tenemos poder a la hora de decidir cómo afrontarlos y, al haber acudido a terapia, disponemos de las herramientas necesarias de cara a afrontar aquellos problemas que son más difíciles para nosotros.


  • Se conocen a sí mismos, los problemas que pueden tener y cómo manejarlos.
    Todo el mundo tenemos puntos fuertes y puntos débiles, cosas que se nos pueden dar mejor o peor, o aspectos de una situación que nos afecten más o menos que a otra persona. Una de las cosa más bonitas de la terapia desde mi punto de vista es que aprendemos a conocernos a nosotros mismos, a saber dónde qué ámbitos debemos cuidar más y cuales nuestros puntos fuertes y en qué confiar.




  • Se convierten en personas más sensible ante los problemas de otros
    Muchas veces no sabemos como se siete una persona hasta que no hemos pasado por lo mismo o por algo parecido. Una persona que ha estado mal y que ha necesitado ayuda se convierte al mejorar en un apoyo muy eficaz para las personas de su entorno, pudiendo empatizar con aquellos que también tengan problemas y ofreciendo un apoyo mucho más eficaz y comprensivo que el que pueda ofrecer otra persona que no haya pasado por lo mismo.


     Es por ello que si estás acudiendo a terapia quiérete y respétate más, estás en el buen camino. 
    Y si conoces a alguien que lo esté haciendo , reconócele el camino hecho y el coraje demostrado por embarcarse en este proceso.

miércoles, 15 de abril de 2015

¿Tienes hijos? Puede que estos libros te ayuden

Muchas veces nos encontramos con situaciones que no sabemos como controlar o afrontar con nuestros hijos, o nos planteamos como podemos enseñarles determinados hábitos o conceptos.

Aquí expongo una serie de libros que me parecen muy útiles a la hora de tratar con niños, no a nivel de terapia ( aunque algunas veces también me han ayudado a complementar las que realizo), sino en el día a día , que es cuando nos pueden surgir pequeñas dudas. 

En cualquier caso, y cuando el problema vaya más allá o no nos veamos capaces de gestionarlo, mi recomendación es acudir al especialista, que es el que mejor nos puede guiar.



 Cuentos para comer sin cuentos, Ángel Peralbo, Silvia Álava, Mila Cahue, Cristina Palmer
Editorial: La esfera de los libros

En este libro se describen diferentes problemas que puedan tener los niños a la hora de comer, como pueden ser el que coman alimentos de un sólo tipo o color, el que coman demasiado despacio o demasiado lento, la adquisición de buenos hábitos y pautas adecuadas de comportamiento durante la comida..etc
Todo ello a través de cuentos con personajes con los que el niño puede identificarse y de pautas y actividades para los padres , de manera que puedan trabajar junto con los niños lo visto en el cuento.
Para más información y pautas acerca de este tema, pincha aquí.




Tranquilos y atentos como una rana, Eline Snel
Editorial: Kairós

Es muy difícil el enseñar a los niños que se calmen y relajen, pero en este libro se ofrecen muchas pautas para conseguir tanto una relajación física como el introducirles en la meditación, de una forma bastante amena y con bastantes ejemplos. Incluye además un CD con los ejercicios propuestos.









Emocionario (varios autores)
Ed: Palabras Aladas .


Muchas veces nos sentimos mal pero no sabemos identificar qué emociones estamos experimentando. Así, podemos estar mal pero ¿cómo?: tristes, melancólicos, frustrados, decepcionados..., o sentirnos bien pero ¿Felices, contentos, aliviados, ilusionados...?
El poder ponerle nombre a nuestra emoción nos ayuda a poder entenderla y gestionarla mejor.
Este libro es un diccionario de emociones, con ilustraciones muy vistosas que llaman la atención de los niños. En su web además, puedes descargarte de manera gratuita fichas para trabajar cada emoción en concreto.



El mar a rayas, Susana Barragués Sainz, CarlosJ. Cecilia il.
Editorial :A fortiori




Un cuento que trata el tema del divorcio, haciendo ver que muchas veces es mejor la separación de los padres que el vivir siempre peleados, y aboga por un concepto de familia en el que los padres no tienen porqué estar juntos para poder ser todos felices.
Para más información acerca de como el divorcio puede afectar a nuestros hijo, doy más información aquí.







Nana vieja. Margaret Wild, Ron Brooks
Editorial: Ekaré

 

Historia que toca el tema de la muerte de un ser querido, en este caso, la abuela de al protagonista. De una manera muy sutil y sin entrar en dramatismos, nos va narrando la despedida, tanto de la abuela como de la nieta.
Para el duelo en niños, doy más información aquí.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Control de la ira. Cuando los enfados pueden ser un problema.

Todo el mundo nos enfadamos en un momento u otro de nuestra vida. Y ésta es una conducta adaptativa, nos permite el cambiar aquello que nos molesta o que consideramos injusto. El problema está en que muchas veces, este enfado se da en situaciones que no tendrían porqué generar esta respuesta o, aunque éste esté justificado, es desproporcionado con aquello que nos ha enfadado, tanto en duración como en intensidad.

Es aquí cuando se habla de problemas de ira o de control del enfado. Muchas veces la persona que lo sufre no se da cuenta de ello, y es porque las consecuencias a corto plazo son muy positivas. Todo el mundo a mi alrededor empieza a temer mi reacción, por lo que intentarán no contrariarme, saliendo mi actitud muy reforzada. Empezarán a decir que tengo muy mal genio y nos diremos a nosotros mismos que soy así, y que no tengo porqué cambiar.

Sin embargo, las consecuencias a medio largo plazo, no son tan positivas, más bien al contrario, como pueden ser un deterioro en nuestras relaciones con los demás ( a nadie le gusta que se le trate mal), problemas laborales, incompatibilidad con situaciones que requieran paciencia, sentimientos negativos hacia uno mismo ( cuando estamos tranquilos no estamos orgullosos de nuestro comportamiento)...etc.



Uno de los principales problemas a la hora de enfrentarnos a este problema es que la persona no suele tener conciencia del problema. Se habla de diferentes etapas por las que se pasa hasta que se de lugar el cambio.

  • Precontemplación
No hay conciencia del problema ni intención de cambiar. Dentro de esta fase se puede distinguir entre:
  • Acontemplación
Hay un desconocimiento total del problema. Todavía no le han llegado mensajes negativos de su entorno.
  • Anticontemplación
La persona se resiste al cambio. La culpa siempre es de los demás o de la situación, considerando que no tienen nada que cambiar.

  • Contemplación
La persona valora los pros y los contras de cambiar pero no hay un compromiso firme de hacerlo.



  • Preparación
La persona ha tomado la decisión de cambiar y da pasos activos para provocarlo.

  • Acción
La persona está en proceso de cambio dedicando esfuerzo, interés y tiempo en ello.

  • Mantenimiento
El cambio se mantiene en el tiempo.



Tenemos que darnos cuenta de que si hay una persona con este tipo de problemas en nuestro entorno debemos hacerle ver cómo su comportamiento nos está afectando, tanto a nosotros como a los demás, ya que es la única manera de que tomen conciencia de que existe un problema y se planteen el empezar a cambiarlo. Además, conviene el sugerirles que si no son capaces de controlarlo, que acudan a un especialista. Aquí doy pautas para ello.

Si nosotros mismos nos hemos visto reflejados en estas conductas alguna vez conviene plantearnos hasta que punto el enfado controla nuestra vida. Por lo general, estos enfados van dirigidos a las personas que más queremos ¿Realmente se merecen que las tratemos así? Porque podemos disculparnos después, intentar compensar, pero el daño ya está hecho.

Es hora de aprender a controlarnos ¿En qué fase te encuentras?