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martes, 1 de diciembre de 2015

Trastorno dismórfico corporal: cuando hay una parte de nuestro cuerpo que odiamos

Muchos de nosotros habremos fantaseado en algún momento de nuestra vida con mejorar algo de nuestra apariencia. Sin embargo hay personas que aun teniendo una apariencia totalmente normal imaginan que son tan feas que les resulta imposible interaccionar con los demás o actuar de forma normal por miedo a que la gente se ría de su fealdad. Estas personas padecen lo que se llama trastorno dismórfico corporal.


¿En qué consiste?

Es la preocupación por algún defecto imaginario en la apariencia por parte de alguien que en realidad tiene un aspecto razonablemente normal. La persona debe cumplir los siguientes criterios:

  • Preocupación por un aspecto imaginario del aspecto. Si existe una ligera anomalía física la preocupación de la persona es marcadamente exagerada. Es decir, que aunque haya un aspecto determinado de su apariencia que sea negativo, la persona reacciona de una manera desproporcionada ante él
  • Esta preocupación marca una ansiedad o un perjuicio significativo en el ámbito social, laboral y demás áreas importantes de la vida. En definitiva, que afecta a la vida cotidiana de la persona en aspectos importantes para ésta
  • La preocupación no se debe a cualquier otro trastorno mental.




¿Cómo se comporta una persona con este trastorno?

Son personas que lo pasan muy mal, avergonzadas continuamente por un aspecto de su apariencia que creen muy llamativo y negativo. Pueden estar todo el día observándose en espejos o superficies reflectantes para comprobar si ha habido algún cambio o, por el contrario evitar cualquier espejo por no soportar mirarse en él.

Otras veces pueden también intentar esconder su defecto, ya sea con gorros, barbas o maquillaje o aseo excesivo.

Tienen además lo que se denominan “ideas de referencia”, es decir piensan que todo lo sucedido en su mundo se relaciona en cierta forma con ellos, en este caso, con su defecto imaginario. Pueden llagar a pensar que los demás pueden percibir ( o están percibiendo) su supuesto defecto, e incluso burlarse y hablar de él / ella a sus espaldas.

Por otro lado, también puede dar lugar a un aislamiento social, ya que algunas personas pueden llegar a abandonar la escuela o el trabajo, evitar el ir a entrevistas laborales, e incluso, el llegar a salir sólo de noche, de manera que ese supuesto defecto no se vea. Además tenderá a evitar cualquier relación social, descuidándolas y deteriorándose éstas.

¿Cómo suelen reaccionar a las opiniones de los demás?

Por mucho que las personas de su entorno les aseguren que no ven ningún problema en su apariencia, están convencidos de que su visión es exacta y no distorsionado y que los demás, o bien le están mintiendo por no acomplejarle más o bien para burlarse de él o ella.

¿Que relación hay entre estas personas y la cirugía?

A consecuencia del defecto que creen tener, recurren mucho a odontólogos, dermatólogos y, sobre todo, cirujanos plásticos para que corrijan dichos defectos. Sin embargo, por muy bien que quede la operación no suelen quedar satisfechos, somentiéndose a gran cantidad de ellas ya sea porque nunca llegan nunca a considerar que su defecto a desaparecido o porque pasan a encontrarse otro defecto que es el que quieren operar después.

¿Hasta que punto puede llegar a afectar a la persona?

Tal y como se ha comentado anteriormente este su puede condicionar de tal modo la vida de la persona que puede llegar a asociarse con otros trastornos como depresión, anorexia o fobia social e incluso llevar a ideas de suicidio.


Conclusión
 
Con esto no quiero decir que el que nos guste o no una parte de nuestro cuerpo vaya a conducir a este trastorno, pero sí que hay que estar alertas cuanto este defecto empieza a afectar a otras áreas de nuestra vida, ya que entonces convendría acudir a un psicólogo para que nos ayude.


Si fuera un monstruo...





lunes, 2 de noviembre de 2015

Culpabilidad. Aprende a librarte de ella

¿Qué es la culpa? Es la consecuencia de una falta que hemos cometido o de un perjuicio que hemos ocasionado a alguien.
Una sensación asfixiante que acaba por estropearnos los buenos momentos de la vida, una sorda impresión de haber hecho algo mal, de haber causado un daño.
Estos sentimientos pueden adueñarse de nuestra existencia y arruinar nuestro bienestar.¿Qué hacer con ella?


Antes de nada, debemos diferenciar entre dos tipos de culpabilidad:
  • Culpabilidad sana: sentimientos que aparecen como consecuencia de una falta manifiesta o de un perjuicio real que le hemos causado a alguien. Esta culpabilidad es como un policía interior cuyo fin es:
    • Incitarnos a respetar las reglas en vigor, a no perjudicar a los demás
    • Castigarnos cuando infringimos esa reglas...con los malos momentos que pasamos culpabilizándonos.

  • Culpabilidad mórbida: es aquella que aparece sin necesidad de una falta objetiva. Por ejemplo: sentirse culpable por ser más brillante que el resto de tus hermanos/as o sentirse culpable por llevar a un hijo a la guardería para retomar una actividad profesional.


Es este tipo de culpabilidad, la mórbida, la que tenemos que aprender a controlar. Aquí van algunas pautas:
  • Aprende a identificar a los culpabilizadores y a huir de ellos, es decir, de personas con una habilidad especial para hacernos sentir culpables. Los rasgos de una persona culpabilizadora son:

      • Se está quejando casi siempre.
      • Suele ser buen conversador y encantador.
      • En general, suele ser apreciado.
      • Nunca tiene la culpa si las cosas se tuercen.
      • Te hace creer que es culpa tuya si las cosas no van bien.
      • Te hace creer que su felicidad está en tus manos.
      • No te acusa directamente, sino de forma retorcida y sutil.
      • Te sientes culpable en su presencia.
      • Tienes la impresión de hacer las cosas mal.
      • Intentas cambiar para darle satisfacción
      • Te culpabilizas.

  • Este tipo de culpabilidad aparece cuando creemos que los demás se van a sentir heridos. Así, siguiendo los ejemplos anteriores mis hermanos se sentirán heridos si saco mejores notas que ellos o mi hijo se habrá sentido herido por llevarlo a la guardería. Sin embargo, tenemos que darnos cuentas que no somos los responsables de la felicidad de los demás, sino tan sólo de la nuestra. Así no es la situación o las acciones de los demás lo que me hace feliz o triste, sino el cómo es la persona y lo que pienso de dichas situaciones.

  • Hay que tener cuidado con la victimización. Hay personas a las que les gusta hacerse la víctima y hacernos responsables del peso de sus decisiones culpabilizándonos.


    Por ejemplo, imaginemos que una madre anciana le pide a su hijo que la lleve a ver a una amiga, pues no tiene otro medio de transporte. Sin embargo, el hijo tiene otros planes y le dice que no. Su madre le dice entonces “Podías hacerme es pequeño favor. Sabes que no tengo coche. Ya no salgo casi nada, no me gustaría tener que renunciar también a esto. Piensa en todas las veces que me he sacrificado por ti cuando eras pequeño...” el hijo se siente culpable y cede a regañadientes.
    Aquí el hijo se siente culpable de la tristeza de la madre si no va a ir a ver a su amiga. Sin embargo, es la madre la que decide que no irá ni de otra forma ( pedírselo a otra persona, taxi, transporte público) ni en otro momento. Además, decide renunciar a esta visitas si su hijo no la lleva, mostrando abiertamente su desamparo y tristeza si la visita no puede realizarse.Se ha convertido en una víctima de la decisión de su hijo, aun cuando esto no es así.
    Aquí podría haber muchas soluciones, pero al haber elegido la madre justo la única que no es viable es ella la que, con sus propias decisiones, ha decidido quedarse sin visitar a su amiga y sentirse infeliz.


  • Permitirnos el poder sentirnos bien aun cuando hay personas que no lo hacen, por ejemplo, cuando tenemos trabajo y alguien de nuestro alrededor está en el paro. Claro que queremos que esa persona esté bien y tenga trabajo pero no por ello no vamos a poder disfrutar del nuestro.


  • Darnos cuenta de que no somos omnipotentes, es decir, no podemos ser responsables de todo. Se habla de omnipotencia ilusoria cuando nos culpabilizamos por cosas sobre las que no tenemos poder. Por ejemplo, responsabilizarnos del alcoholismo de nuestra pareja o de las malas notas de nuestro hermano en clase.


En definitiva, depende de nosotros el sentirnos o no culpables, teniendo una cosa muy clara, somos los últimos responsables de nuestra felicidad.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Autoestima, qué es y cómo mejorarla

Existen muchas definiciones de autoestima. Se la podría describir como el resultado de la opinión que una persona tiene sobre si misma: de su apariencia física, de sus aptitudes, de sus éxitos profesionales y personales, de la riqueza de su vida afectiva...etc.

Hay quien incluso la define en los dos siguientes puntos:

  • Percepción de una aptitud personal, es decir, de que somos capaces de hacer cosas, conseguir nuestros objetivos y proyectos.

  • La convicción íntima de tener valor como persona. Es decir, hagamos bien o mal las cosas, siempre vamos siempre vamos a ser valiosos, simplemente por el mero hecho de existir.

Ahora bien, ¿Cómo podemos mejorarla? ¿Qué cosas pueden influir en que tengamos una autoestima más o menos sana?

  • Construye una imagen realista de tí mismo . La autoimagen, o como nos vemos a nosotros mismos depende, de los mensajes que nos mandan los demás y, sobre todo, de los mensajes que nos mandamos nosotros mismos. 

    Si, por ejemplo nos han dicho toda la vida que somos unos torpes, acabaremos   creyéndonoslo. Sin embargo si empezamos a reflexionar y nos damos cuenta de que hacemos muchas cosas bien, esa imagen de torpe desparecerá, dando paso a una más realista. 

    Por otro lado, hay que diferenciar entre ser torpe, malo, tonto..etc y comportarnos de manera torpe, mala o tonta. Todos tenemos derecho a equivocarnos y cometer errores y eso no significa que siempre lo hagamos mal.


  • Ten cuidado con tu diálogo interno, es decir, el cómo nos hablamos a nosotros mismos. Muchas veces nos tratamos peor que a nuestro mayor enemigo, castigándonos y regañándonos continuamente. 

    No se trata de no animarnos a seguir o de no ver nuestros errores, sino de hablarnos de una manera comprensiva. Así por ejemplo, no es lo mismo decirnos:

     “ eres un desastre, no deberías tener este tipo de errores, siempre te equivocas, todo lo haces mal” .

    que el decirnos: 

    Bien, he cometido un error. No me gusta cometerlos, pero puedo equivocarme como todo el mundo. Para la próxima estaré más atento para no volver a equivocarme”.



  • Defiende tus derechos (pincha aquí para conocer tus derechos asertivos) y ten un comportamiento asertivo con los demás. Nuestra opinión vale lo mismo que la de los otros, al igual que nuestros sentimientos y emociones. Si nosotros somos los primeros que no nos valoramos, es más difícil que el resto lo haga también.

  • Evita la procastinación, es decir, la tendencia a dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. 

    Muchas veces, y sobre todo cuando la tarea es difícil o nos pone nerviosos tendemos a postergarla en el tiempo. Esto hace que nos sintamos mal con nosotros mismos y que nos juzguemos de una manera muy negativa. A partir de aquí, entramos en un círculo vicioso. Como nos sentimos mal, no hacemos las cosas, sintiéndonos cada vez peor y disminuyendo cada vez más la posibilidad de que nos pongamos a ello.

    Sin embargo, cuando hemos hecho algo que consideramos difícil, el efecto es el contrario; nos sentimos muy bien con nosotros mismos, aumentando la posibilidad de que hagamos cada vez más tareas. Nos sentiremos eficaces y nuestra autoestima aumentará.


  • Reflexiona y reconócete tus aciertos y logros. Todos hemos hecho cosas bien y mal a lo largo de nuestra vida, pero siempre tendemos a centrarnos más en lo negativo. Cada uno sabemos qué es lo que más nos ha costado conseguir, de qué estamos orgullosos.

    Un ejercicio muy útil es reflexionar al final de cada día sobre aquellas cosas que hayamos hecho bien durante toda la jornada. No hace falta que sean grandes cosas, pero si nos paramos a pensar, nos daremos cuenta de la cantidad de éstas y de como, por lo general, no le damos ninguna importancia.



    En definitiva, la autoestima depende de muchos aspectos, pero está claro que tenemos un papel muy importante de cara a que ésta sea alta o baja. Si a pesar de todo, no se consigue que la autoestima mejore, quizá ha llegado el momento de consultar a un profesional para que nos ayude de una manera más específica y personalizada.

martes, 14 de julio de 2015

Fobia a la sangre, inyecciones o daño

Aunque ya he hablado de las fobias en una entrada anterior ( puedes leerla pinchando aquí ) , me parece bastante interesante el detenerme en un subtipo de ellas que reúne unas características específicas, como es el miedo a las inyecciones, la sangre y/o las heridas.

Si bien en el resto de éstas se da una respuesta de incremento de la activación corporal, con síntomas de ansiedad y nerviosismo, en este tipo de fobia, la reacción es contraria, dándose lo que se llama un síncope vasovagal.



 ¿En qué consiste esta respuesta?¿Qué es el síncope vasovagal?

Cuando algo nos asusta o nos pone nerviosos, la respuesta normal de ansiedad es que el corazón nos lata más rápido y que respiremos más agitadamente, por lo que se da un aumento súbito de nuestra presión sanguínea.

En personas con este tipo de respuesta se produce una hiperreacción que intenta compensar este aumento de presión sanguínea, bajándola de golpe. Esto produce que llegue menos sangre al cerebro y que se de la sensación de mareo e incluso podamos llegar a desmayarnos .




¿Es hereditaria?

Otro dato interesante es que parece tener un mayor componente hereditario que otro tipo de fobias, llegando a haber estudios que hablan de que un 61% de los familiares de personas con esta fobia tenía algo similar aunque más moderado.

¿Se puede tratar?

Se puede tratar y superar. El tratamiento consiste en entrenar, bajo supervisión del psicólogo en tensión a la persona para que evitar que se de la respuesta de mareo.



¿Cuándo debe tratarse?

Cualquier persona que quiera evitar estos síntomas puede tratarlos y superarlos.

Por lo general, se suele tratar con más frecuencia en personas a las que esta respuesta está influyendo en su día a día, ya sea por problemas médicos ( por ejemplo, una persona con diabetes que deba administrarse la insulina mediante un pinchazo todos los días) o laborales (por ejemplo, un médico o una enfermera que deban enfrentarse a la sangre en su trabajo).

No obstante, también hay personas a las que, aunque no les afecte tan directamente, que quieren enfrentarse a este problema de cara a posibles pruebas médicas que necesiten realizarse a lo largo de su vida, evitando así el desmayarse o entrar en un estado de tensión cada vez que el médico les quiera hacer un análisis de sangre. No es infrecuente el que personas que lo sufran eviten el hacerse determinadas pruebas con el consiguiente riesgo para la salud que ello conlleva.

En conclusión, aunque parezca algo inevitable, es una respuesta mucho más normal de lo que nos imaginamos, pero con la que se puede trabajar y tratar, llegando a controlarla. El que queramos hacerlo o no, depende sólo de nosotros.

miércoles, 8 de julio de 2015

Depresión infantil


Tendemos a identificar la depresión como un problema adulto, que los niños no pueden sufrir. Sin embargo, y por desgracia, los niños no están exentos de presentarlo, llegando a hablarse de que un 3% de la población infantil puede llegar a tenerla, aumentando este porcentaje con la edad.
Ya hablé de la depresión adulta en otra entrada de este blog ( puedes consultarla aquí ) , por lo que ahora voy a centrarme en la infantil.

¿Se diferencia la depresión del niño con la del adulto?

Sí, los síntomas son algo diferentes, dependiendo de la edad del niño.


¿A qué debo prestar atención?

Hay tres aspectos claves:
  1. Tristeza y pérdida de interés por cosas que antes encontraba placenteras.
  2. Esta tristeza pude no ser evidente y manifestarse por irritabilidad o explosiones de genio ante sucesos triviales,o bien insultos, peleas o derrumbarse por nimiedades
  3. Los síntomas y como se expresan, varían con la edad:
Niños pequeños, menores de seis años

  • Irritabilidad (rabietas, conductas destructivas)
  • Menos juegos con amigos
  • Problemas con las comidas
    • Pérdida de apetito
    • No ganancia de peso.
    • Pérdida de peso.
    • Engullir la comida
  • Cambios en el patrón de sueño
    • Pesadillas
    • Terrores nocturnos
    • Resistencia a irse a la cama
    • Insomnio.
  • Menos actividad física.
  • Sentimientos negativos
    • Calificarse a si mismo como “tonto”
    • Preocupación por el castigo.
    • Preocupación por el fracaso.
  • Autoagresiones
    • Arañazos
    • Golpes en la cabeza
    • Tragarse objetos

Niños mayores ( 6 a 12 años)
  • Tristeza
  • Aburrimiento
  • Problemas con las comidas ( por exceso o por defecto)
  • Problemas de sueño
  • Sentimientos negativos
    • Baja autoestima
    • Autodesprecio
  • Problemas atencionales
  • Ideas, planes e intentos de suicidio

Adolescentes (13 a 18 años)
  • Estado de ánimo triste e irritable
    • Tristeza
    • Variabilidad en el ánimo
    • Irritabilidad ( malhumor, ira y rebeldía)
  • Pasotismo
  • Problemas con la comida
    • Pérdida de apetito, pérdida de peso
    • Comer en exceso, obesidad
  • Insomnio o hipersomnia ( dormir demasiado)
  • Cansancio, fatiga, falta de energía.
  • Sentimientos negativos
    • Preocupación por la imagen corporal
    • Baja autoestima
    • Autodesprecio
  • Menos pensamiento abstracto, indecisión
  • Ideas, planes e intentos de suicidio


¿Cuándo debo empezar a preocuparme?

Los niños, al igual que los adultos tienen periodos de tiempo en los que estarán más o menos tristes por los acontecimientos de su día a día. Eso es totalmente normal y forma parte del desarrollo emocional del niño.
Sin embargo, cuando este estado se alarga en el tiempo ( más de dos semanas) conviene empezar a prestarle más atención.



¿Estos síntomas desaparecen con el tiempo?

No, si realmente el niño tiene este trastorno, con el paso del tiempo no mejorará por si solo.
Así, si la depresión no es tratada a tiempo y de la manera adecuada, ésta puede afectar al desarrollo de las habilidades sociales, emocionales , cognitivas e interpersonales del niño, y a los vínculos afectivos entre padres e hijos.


¿Qué debo hacer si sospecho que mi hijo está deprimido?

Acudir a un especialista que le pueda evaluar y tratar de la manera adecuada generando además pautas específicas para los padres, de manera que le puedan ayudar de la mejor manera posible.






viernes, 3 de julio de 2015

Hipnosis clínica, mitos y realidades

La hipnosis es una técnica usada en la psicología y que en algunos aspectos puede ser muy eficaz.
Sin embargo, el que haya sido utilizada en otros contextos ( espectáculos, donde los hipnotizados hacen las más variopintas actuaciones, por ejemplo) hacen que haya perdido credibilidad y que todos la afrontemos con algo de reticencia.


¿Qué hay de verdad o no en lo que hemos visto en los espectáculos, en las películas?

Hay muchos mitos acerca de ella. Iremos analizándolos uno a uno:
  • Es una forma de sueño en la que no te enteras de nada y en la que la persona que te hipnotiza puede hacer contigo lo que quiere
    Falso. Nadie pierde la conciencia estando hipnotizado, de hecho, la persona posteriormente recuerda todo lo que se ha hecho y nunca, repito, nunca, haría nada que no quiera. Es más una colaboración entre hipnotizador e hipnotizado que un control sobre la mente de la persona.



  • Puedo quedarme “colgado”
    Falso. Cuando se hipnotiza a alguien si que es verdad que es el propio hipnotizador el que le saca de es estado, pero todos seríamos perfectamente capaces de salir por nosotros mismos si así lo queremos. Nunca perdemos el control y si seguimos hipnotizados es porque queremos, no porque nos obliguen.

  • La persona hipnotizada no puede mentir
    Falso también. La persona controla aquello que dice.

  • La persona hipnotizada hará todo lo que el hipnotizador le pida
    Falso. Si la persona no quiere, no lo hará. En terapia se habla antes de lo que se va hacer y, siempre y cuando la persona esté de acuerdo se trabaja mediante hipnosis.


  • Supone la pérdida del control
    Falso. Nadie hipnotizado haría algo que no haría estando despierto.

  • Es peligrosa
    En absoluto, es una técnica totalmente inocua, que no deja ninguna secuela.

  • Crea dependencia
    Falso. Nadie se vuelve dependiente de ella. Es una técnica más como otras muchas usadas que tiene un fin determinado.

¿Qué es entonces la hipnosis?

Es un estado de consciencia en el que podemos focalizar la atención de una manera más elevada que en cualquier otro estado, permitiendo el poder trabajar determinados ámbitos de una manera más rápida y eficaz.


¿Para qué puede usarse?

Como decía, es una técnica más que se utiliza para trabajar en diferentes casos. Yo en terapia la aplico a diferentes personas ( siempre y cuando éstas estén de acuerdo) con buenos resultados, sobre todo en casos de ansiedad o de dolor crónico (no cura la dolencia, pero puede ayudar a reducir la sensación de dolor).

¿Se puede hipnotizar a todo el mundo?

Antes de hipnotizar, hay que evaluar a la persona y ver hasta que punto esta técnica será eficaz o no con ella, al igual que el médico nos evalúa antes de ponernos uno u otro tratamiento. Hay personas a las que es más fácil hipnotizar que a otras, existiendo incluso algunas a las que no se les puede hacer entrar en este estado. Depende de muchas variables, pero no de la inteligencia o credulidad de las personas, siendo ésta una creencia errónea muy extendida.

¿Es una técnica mágica que sirve para todo?

Ni mucho menos, pero esto no quiere decir que no sea eficaz. Como todo, usada de la manera adecuada y en situaciones que lo requieran, puede ser muy útil.
Hay que desconfiar, por tanto de quienes la vendan como una cura para todo, al igual que desconfiamos de aquel anuncio en el que nos prometen la pastilla mágica que curará todos nuestros males.








jueves, 7 de mayo de 2015

Derechos asertivos ( tercera y última parte)

Esta es la tercera y última parte de los derechos asertivos. Ideas que hay que tener claras para mejorar nuestras relaciones sociales. Puedes ver la  primera  y segunda parte pinchando enlos enlaces.


  1. .- Hay que intentar adaptarse siempre a los demás, de lo contrario no se encuentran cuando se necesitan.

    Tiene que ver con nuestro derecho a decir “no” ante situaciones que nos parezcan injustas o cuando nos intentan convencer de algo con lo que no estamos de acuerdo. Tendemos a creer que vamos a caer mejor a la gente si nunca estamos en desacuerdo con ellos, pero es justo al revés, las personas tendemos a encontrar mucho más interesantes a aquellos con un criterio y opinión propias que a quien nos dice a todo que sí.

     
  2. No hay que ser antisocial. Si dices que prefieres estar solo, los demás pensarán que no te gustan.

    Tenemos derecho a estar solos aún cuando los demás deseen nuestra compañía. Aquí, como en todo, tenemos que quedarnos en el término medio. Ni estar todo el tiempo solo ni tampoco obligarnos a estar todo el tiempo con gente.

  1. Hay que tener siempre una buena razón para lo que se siente y se hace.


    No tenemos que estar justificándonos todo el día. Algunas veces tendremos razones de peso para hacer las cosas o para sentirnos de una manera u otra, pero otras veces no, lo haremos porque nos apetezca o nos guste más así. Es agotador estar todo el día explicando porqué haces todo, dependiendo de la aprobación del otro para sentirnos bien. Si a ti te parece que lo que has hecho está bien, adelante.


  2. Cuando alguien tiene un problema hay que ayudarle.

    A todos nos hace sentir bien el ayudar a otra persona. El problema surge cuando nos vemos obligados a ayudar siempre al otro, incluso cuando nos venga mal o no queramos. La clave está en que nos permitamos siempre el poder elegir cuando prestamos nuestra ayuda y cuando no.


  3. Hay que ser sensibles a las necesidades y los deseos de los demás, aun cuando éstos sean incapaces de demostrarlos.

    Cada uno de nosotros somos responsables de nuestro bienestar, defendiendo nuestros derechos y expresando lo que queremos y nos gusta. Sin embargo, muchas veces, nos dejamos guiar por los deseos de los otros y relegamos los nuestros para que la otra persona se sienta mejor o no se enfade, anticipándonos a lo que pueda pasar. Como en el punto anterior, no pasa nada por hacerlo cuando lo hayamos elegido, pero si siempre nos comportamos así, es cuando surgen los problemas.


  1. No está bien quitarse a la gente de encima; si alguien hace una pregunta, hay que darle siempre una respuesta.

    Tenemos todo el derecho del mundo a no contestar. Este punto, parece muy fácil sobre el papel, pero cuando nos hacen una pregunta directa nos es muy difícil el no contestarla. Tenemos que darnos cuenta de que nos pueden preguntar cualquier cosa, hay personas a las que les gusta preguntar acerca de temas muy íntimos, pero también podemos eludir esa pregunta o contestar con un “prefiero no hablar de eso”