Mostrando entradas con la etiqueta psicologo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta psicologo. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de enero de 2016

¿Cómo superar una ruptura de pareja?

Muchas veces es inevitable el que una relación no funcione. Ya sea por nuestra parte o del otro o bien llegando a un acuerdo, nos tenemos que enfrentar a la idea de que las cosas no van a ser como antes y plantearnos como queremos afrontar esta pérdida. Aquí van algunos consejos.



  • Asumir que vamos a estar mal durante un tiempo
Por muy duro que nos sea tenemos que asumir que hay que pasar por un periodo de duelo por la relación perdida. Obviamente no es de la misma intensidad que cuando perdemos a un ser querido, pero sí que funciona de una manera similar. Nos dolerá durante un tiempo, tras el cual podremos volver a encontrarnos bien.

  • Luchar contra la idea de que sin él o ella no podemos ser felices.
Esta idea está muy presente: sin su presencia yo no soy feliz. Tenemos que diferenciar entre ser feliz o no o estar más o menos tristes en un momento dado. Aquí es lógico que estemos tristes por la pérdida, pero eso no significa que nos hayamos convertido en unas personas infelices el resto de nuestra vida. El malestar y las emociones negativas ( al igual que las positivas) pasan y se desvanecen con el tiempo.

Otra idea que puede ayudarnos es pensar cómo estábamos antes de conocer a esa persona. Si por esa época no conocíamos a nuestra ex-pareja y éramos capaces de ser felices y de disfrutar de las cosas, podemos deducir que en un futuro también podremos ser felices sin que esta persona esté en nuestras vidas.


  • Retomar todas aquellas cosas a las que habíamos renunciado ( si es que hemos renunciado a algunas)
Uno de los mayores errores que se cometen en pareja es el de renunciar a todo por estar todo el tiempo con esa persona. Renunciamos a amigos, aficiones, actividades que nos gustan...etc.
Pues si ha sido así, ha llegado el momento de retomar todo aquello que habíamos dejado atrás. ¿No crees?



  • Ocupa tu día a día, no te quedes sólo con el dolor.

Cuando nos sentimos mal lo que nos apetece es quedarnos solos para darle vueltas a lo que ha ocurrido, para intentar darle sentido, o simplemente para repasar todo lo ocurrido una y otra vez. Hay que tener en cuenta que aunque sea eso lo que nos apetezca es justo lo que peor nos puede venir. Lo bueno es ir alternando momentos en que estemos asimilando todo con momentos en que nos obliguemos a centrarnos en otras actividades (aunque no nos apetezcan mucho) de manera que el tema de la ruptura no se convierta en una obsesión para nosotros.


  • ¿Realmente estamos destinados a tener una sola pareja a lo largo de nuestras vidas?
    Estamos muy influidos por el mito del andrógino, de Platón.
    Según esta historia antes poblaban la tierra unos seres denominados los andróginos. Estos eran seres redondos con cuatro brazos y cuatro piernas y de un inmenso poder. Los dioses, celosos de ellos, decidieron cortarlos por la mitad, y de cada uno de ellos surgieron dos hombres, dos mujeres o un hombre y una mujer. Desde entonces todos estamos buscando a nuestra otra mitad para poder considerarnos seres completos. Se cree que de aun surge la idea de nuestra media naranja.”


Es una historia muy bonita, pero sobre la que no podemos basar nuestras vidas. Si observas a tu alrededor te darás cuenta de que hay parejas que llevan juntas todas la vida, pero que también hay otras que que han surgido después de relaciones fallidas y también que ha habido relaciones muy bonitas en las que el amor se acabó, simplemente y los dos miembros han podido ser felices en relaciones posteriores.
No estamos predeterminados, nosotros decidimos.



  • No eres demasiado mayor para empezar una nueva relación
Y digo esto sin saber la edad que tienes . Según vamos creciendo y teniendo más edad tenemos unas expectativas u otras de las relaciones de pareja, luego es lógico pensar que habrá otras personas de nuestra misma edad que estén buscando lo mismo que nosotros en una relación. Quizá ahora no tengamos tantas oportunidades como en la adolescencia, ero si de mejor calidad.

  • No hay que tener miedo al cambio
La ruptura de una relación, siempre acarrea cambios en nuestras vidas, y es normal que nos de miedo la incertidumbre acerca de cómo va a ser nuestra vida ahora. Hay que tener en cuenta que tener miedo no es malo, nos prepara para afrontar lo que a ocurrir, pero que tenemos que controlarlo para que no invada todo. También hay que dejar espacio para la confianza en nosotros mismos y en nuestros recursos y en la capacidad de construir y adaptarnos a un nuevo futuro.


En conclusión, el camino no es fácil, pero llegará un momento en que lo superarás . Si, por el contrario, ves que pasa el tiempo y no es así, o si no te ves capaz de avanzar sólo, quizá sea el momento de pedir ayuda profesional que te permita superarlo.


lunes, 14 de diciembre de 2015

El poder de la atribución

¿A qué atribuyes tus éxitos y tus fracasos? ¿Qué factores son los responsables de que triunfes o de que no consigas lo que has pretendido? Dependiendo de a qué le demos más peso o que factores tengamos en cuenta, estaremos haciendo un tipo de atribución u otra.

Aunque existen varios tipos, principalmente podemos hacer dos tipos de atribución:

  • Atribución interna: lo que ha pasado es responsabilidad de la persona. Por ejemplo, si he suspendido un examen es porque no he estudiado, luego la causa está en mí.
  • Atribución externa: lo que ha ocurrido es responsabilidad de los otros o de factores externos. Que no tienen nada que ver con uno mismo. Así, siguiendo el ejemplo del examen, diré que he suspendido porque el examen era muy difícil o porque el profesor me tiene manía.

Como con la mayor parte de las características psicológicas, tan malo es el situarnos en un extremo como en el otro. Es decir, una persona con una visión adecuada de las cosas sabrá atribuir de la manera adecuada. Algunas veces será su responsabilidad y otras será culpa de factores que no tengan que ver con ella.

Los problemas, como he dicho anteriormente vienen cuando tendemos a hacer cierto tipo de atribuciones y dejamos las otras de lado, así:

  • Cuando atribuimos todos nuestros problemas a factores externos, dejamos de responsabilizarnos de ello, por lo que no debemos actuar, porque no es culpa nuestra.
    Por ejemplo:si no apruebo por culpa del profesor, dejare de estudiar, al igual que si cuando te chillo es por tu culpa que me haces enfadar, yo no tendré que controlarme.
    De igual modo, con elementos positivos tampoco es bueno. Si gano un concurso de dibujo será debido a la suerte, no a que dibuje bien.


  • Cuando atribuimos todo a factores internos, nos echamos la culpa de todo lo que ocurre, independientemente de que hayan podido influir otros factores o no.
    Así, por ejemplo, si mi equipo de trabajo no ha conseguido sus objetivos, será por mi culpa que he hecho mal mi parte.

En el equilibrio está la virtud. Puede parecer intrascendente pero el que tendamos hacia un sentido u otro puede influir muy negativamente en nosotros.

Así hay teorías acerca de la depresión que hablan, entre otros factores, de un déficit atribucional como desencadenante y mantenedor de ésta. Así una persona deprimida,tendrá los siguientes problemas atribucionales:

  • Interna/externa atribuirá todo lo negativo de manera interna, siendo todo culpa suya. Sin embargo las cosas buenas que le pasan siempre son externas, ya que no tienes que ver con ellas. Por ejemplo: Si saco un diez en matemáticas es porque el examen era demasiado fácil. Si suspendo es culpa mía porque soy un desastre.




  • Estable/Inestable tiene que ver con que si las cosas son siempre así o si van cambiando. Siguiendo con el mismo ejemplo,si hago una atribución estable, tenderé a pensar que siempre suspendo todos los exámenes, luego no valgo para estudiar. Si, por el contrario, mi atribución es inestable, veré que hay exámenes de matemáticas que suspendo y otros que apruebo, luego tan mal no lo haré. Una persona con depresión tiende a interpretar todos los sucesos negativos como algo estable y que no va a cambiar.

  • Global o específica se relaciona con que si lo que nos ocurre se da en todos los ámbitos ( entonces sería algo global) o si , sin embargo, sólo se da en un ámbito de nuestra vida (específico). Siguiendo con nuestro ejemplo, si interpretase el suspenso de manera global, daría por hecho que en todas las asignaturas voy a suspender, ya que no se me da bien estudiar. Sin embargo, si lo interpretase de manera específica vería que es posible que las matemáticas se me dieran mal, pero que hay otras asignaturas que domino, luego es esa área en específico la que tengo que mejorar.


En conclusión, tenemos que prestar especial atención a nuestras atribuciones, intentando encontrar ese equilibrio que nos llevará a atribuirnos sólo aquellas cosa de las que somos realmente responsables, tanto buenas como malas y a hacerlo de la manera adecuada.
Si vemos que tenemos problemas en ese ámbito y, sobre todo, si vemos que tenemos tendencia a atribuir todo de una manera interna, estable y global, quizá sea el momento de consultar a un especialista que nos ayude a cambiar.

martes, 1 de diciembre de 2015

Trastorno dismórfico corporal: cuando hay una parte de nuestro cuerpo que odiamos

Muchos de nosotros habremos fantaseado en algún momento de nuestra vida con mejorar algo de nuestra apariencia. Sin embargo hay personas que aun teniendo una apariencia totalmente normal imaginan que son tan feas que les resulta imposible interaccionar con los demás o actuar de forma normal por miedo a que la gente se ría de su fealdad. Estas personas padecen lo que se llama trastorno dismórfico corporal.


¿En qué consiste?

Es la preocupación por algún defecto imaginario en la apariencia por parte de alguien que en realidad tiene un aspecto razonablemente normal. La persona debe cumplir los siguientes criterios:

  • Preocupación por un aspecto imaginario del aspecto. Si existe una ligera anomalía física la preocupación de la persona es marcadamente exagerada. Es decir, que aunque haya un aspecto determinado de su apariencia que sea negativo, la persona reacciona de una manera desproporcionada ante él
  • Esta preocupación marca una ansiedad o un perjuicio significativo en el ámbito social, laboral y demás áreas importantes de la vida. En definitiva, que afecta a la vida cotidiana de la persona en aspectos importantes para ésta
  • La preocupación no se debe a cualquier otro trastorno mental.




¿Cómo se comporta una persona con este trastorno?

Son personas que lo pasan muy mal, avergonzadas continuamente por un aspecto de su apariencia que creen muy llamativo y negativo. Pueden estar todo el día observándose en espejos o superficies reflectantes para comprobar si ha habido algún cambio o, por el contrario evitar cualquier espejo por no soportar mirarse en él.

Otras veces pueden también intentar esconder su defecto, ya sea con gorros, barbas o maquillaje o aseo excesivo.

Tienen además lo que se denominan “ideas de referencia”, es decir piensan que todo lo sucedido en su mundo se relaciona en cierta forma con ellos, en este caso, con su defecto imaginario. Pueden llagar a pensar que los demás pueden percibir ( o están percibiendo) su supuesto defecto, e incluso burlarse y hablar de él / ella a sus espaldas.

Por otro lado, también puede dar lugar a un aislamiento social, ya que algunas personas pueden llegar a abandonar la escuela o el trabajo, evitar el ir a entrevistas laborales, e incluso, el llegar a salir sólo de noche, de manera que ese supuesto defecto no se vea. Además tenderá a evitar cualquier relación social, descuidándolas y deteriorándose éstas.

¿Cómo suelen reaccionar a las opiniones de los demás?

Por mucho que las personas de su entorno les aseguren que no ven ningún problema en su apariencia, están convencidos de que su visión es exacta y no distorsionado y que los demás, o bien le están mintiendo por no acomplejarle más o bien para burlarse de él o ella.

¿Que relación hay entre estas personas y la cirugía?

A consecuencia del defecto que creen tener, recurren mucho a odontólogos, dermatólogos y, sobre todo, cirujanos plásticos para que corrijan dichos defectos. Sin embargo, por muy bien que quede la operación no suelen quedar satisfechos, somentiéndose a gran cantidad de ellas ya sea porque nunca llegan nunca a considerar que su defecto a desaparecido o porque pasan a encontrarse otro defecto que es el que quieren operar después.

¿Hasta que punto puede llegar a afectar a la persona?

Tal y como se ha comentado anteriormente este su puede condicionar de tal modo la vida de la persona que puede llegar a asociarse con otros trastornos como depresión, anorexia o fobia social e incluso llevar a ideas de suicidio.


Conclusión
 
Con esto no quiero decir que el que nos guste o no una parte de nuestro cuerpo vaya a conducir a este trastorno, pero sí que hay que estar alertas cuanto este defecto empieza a afectar a otras áreas de nuestra vida, ya que entonces convendría acudir a un psicólogo para que nos ayude.


Si fuera un monstruo...





martes, 24 de noviembre de 2015

¿Cómo te hablas? El poder de nuestro lenguaje interno

Aunque no nos demos cuenta, nuestro lenguaje interno influye muchísimo en como interpretamos las situaciones, en cómo nos sentimos y como aprendemos a valorarnos y a tratarnos.
Muchas veces somos nuestros peores jueces y críticos, tratándonos de una manera que no reservaríamos ni para nuestro peor enemigo. Y el problema es que muchas veces ni siquiera somos conscientes de ello.

¿Alguna vez has pensado así?

  • Interpretar todo en términos de absolutos: es decir, o todo va bien y es maravilloso o todo va mal y es un desastre. Hay que tener cuidado con las palabras siempre, nunca, todos... porque caen como losas sobre nuestras cabezas. Así, no es lo mismo pensar “lo hago todo mal” que pensar “aquí me he equivocado, pero ayer lo hice estupendamente. No tengo porqué hacer todo perfecto”.




  • Quedarnos sólo con lo negativo y no dar valor a lo positivo. Así, por ejemplo, si nos preguntan qué tal nos ha ido el día, podemos decir: “Un desastre, he perdido el autobús, he legado arde a trabajar y encima había mucho papeleo”, y no dar importancia a que además de todo eso, hemos resuelto un problema muy complicado y el jefe nos ha felicitado.
    Además, cuando hacemos algo bien está presente la idea de que “era nuestro deber” por lo que no tiene ningún mérito. Está claro que el deber de un bombero es apagar fuegos, el de un maestro enseñar a los niños y el de un agente de seguros tramitarlos, pero no por ello tienen menos mérito cuando acuden a un incendio, ayudan aun niño a que entienda una idea particularmente difícil o solucionen a un cliente un problema serio. Sólo nosotros sabemos lo que nos cuesta hacer las cosas, pues felicitémonos por aquellas que consideremos difíciles al igual que nos castigamos cuando hacemos algo mal.

  • Adivinar lo que va a pasar. Tendemos a anticipar demasiado las cosas, dándoles demasiadas vueltas. Preocupémonos lo justo ( en este post explico cómo controlar las preocupaciones) y dejemos el predecir el futuro a los adivinos.


  • Dejarnos llevar por las emociones, especialmente las negativas, como el enfado o la tristeza. Cuando tenemos un emoción negativa muy fuerte todo lo que pensemos va a estar influenciado por ella. Así, si un día estamos tristes y empezamos a analizar nuestra vida la veremos mucho más negativamente que si estamos alegres. Lo mismo pasa si estamos muy enfadados. El efecto es parecido a cuando estás muy enfadado o triste y tras dormir te levantas viendo las cosas de otra manera.

  • Centrarnos en cómo Deberían ser las cosas o en como deberíamos comportarnos nosotros mismos o los demás. No hacemos más que ponernos normas y de sentirnos mal al no cumplirlas. Es mucho más útil cambiar el debería por me gustaría. Así, por ejemplo:

    • Debería adelgazar” por “me gustaría perder peso, voy a ver que cosas puedo hacer para ello, pero asumo que es un proceso lento y que necesito constancia”.

    • No debería equivocarme” por “no me gustaría el equivocarme otra vez, pero asumo que soy human@ y que es inevitable el hacerlo. Para la próxima tendré más cuidado”.
       
    • Debería estar contenta” porme gustaría estar contenta, pero no puedo estar así todo el rato. Voy a ver que cosas me están afectando y ver que puedo cambiar. Si veo que no puedo solo, entonces pediré ayuda”.
       
    • Mi suegra no debería ser así”,por “Está claro que me gustaría que mi suegra fuera de otra manera, pero no puedo cambiarla. Voy a pensar como tratarla de la manera adecuada y no dejaré que sus comentarios me afecten.”


  • Etiquetarnos a nosotros mismos o a los demás. Nuestro cerebro intenta usar los menos recursos posibles, recurriendo muchas veces a atajos. Estos funcionan bien algunas veces pero otras veces no.
    Pongamos como ejemplo que voy andando con un jarrón en las manos y que éste se me cae al suelo. Automáticamente me vendrá a la cabeza la frase “que torpe eres, Sara”, etiquetándome así. 
    El problema es que si nos lo decimos o nos lo dicen muchas veces nos lo acabamos creyendo. La manera más sana es describir la situación tal y como ha sido: “no me ha gustado que se me cayera al suelo, pero de todas las veces que he llevado algo en las manos ésta es la primera que se me cae algo al suelo, luego tan torpe no seré”
    Por otro lado, también hay que distinguir entre el verbo ser y estar. No es lo mismo ser torpe que estar un poco torpe ese día, ni ser tonto que estar un poco atontado.

    En definitiva, una buena pauta es pensar en cómo hablamos a la gente a la que queremos y empezar a hacer lo mismo con nosotros mismos ¿O no nos lo merecemos?

lunes, 19 de octubre de 2015

¿Heredarán mis hijos mis problemas psicológicos?

Muchas de las personas que han acudido a consulta, han tenido la misma duda. Si ellos tienen un problema psicológico, sea de la clase de sea, ¿Es posible que se lo hayan transmitido a sus hijos? ¿Lo pasarán ellos tan mal como lo están pasando ellos ahora?

Es una duda perfectamente lógica, si se tiene en cuenta que nuestros hijos heredan otras muchas características. La respuesta no es fácil ni sencilla, ya que son muchos factores los que influyen:

Genética

Es indudable, compartimos la mitad de nuestros genes con nuestros hijos pero, ¿Hasta que punto influyen?. 
 
 En primer lugar, hay que tener en cuenta que no se han encontrado genes individuales que den lugar a trastornos psicológicos concretos. Es decir, no hay un gen de la depresión o un gen de la ansiedad que de lugar a un trastorno. Más bien se habla de un efecto poligénico, es decir, la interacción de muchos genes, y teniendo que darse todos para que el problema se manifieste. Luego no es tan fácil como heredar el color de ojos o de pelo.


En segundo lugar, hay que tener en cuenta que aunque tengamos la misma carga genética, no tenemos porqué desarrollar ese trastorno. Así, se han hecho estudios con gemelos homocigóticos ( que comparten el mismo ADN) encontrándose que aún compartiendo la misma carga genética había menos de un 50% de posibilidades de que si un hermano tuviera un trastorno psicológico, el otro también lo tuviera.

En conclusión, la genética influye, pero no es un factor determinante.


Ambiente

Hay que tener muy en cuenta el ambiente en el que crece y se desarrolla el niño. Así, un entorno familiar estable en el que pueda desarrollar un apego seguro y en el que el niño pueda desarrollarse de la manera adecuada van a influir sobremanera en la fortaleza psicológica de éste.




Se entiende por un ambiente estable en que la familia sea funcional, y le permitan tener una seguridad respecto al futuro y una rutina adecuada en su día a día.


Aprendizaje

Por otro lado, el niño va aprendiendo maneras de comportarse y de afrontar problemas, de superar miedos, de comunicarse con los demás...etc en función de lo que observa de los adultos. Así, no es malo que nuestro hijo nos vea nerviosos o tristes, sino ques nos vea  afrontarlo de la manera adecuada, de manera que lo pueda hacer igual en un futuro cuando también esté así.

 Actuamos como modelos de nuestros hijos, enseñándoles como actuar y comportarse. Si queremos que no se agobie por los problemas, pero nosotros hacemos lo mismo cuando tenemos uno, va a ser difícil que lo consiga.

Además, si permitimos que el niño vaya aprendiendo y se vaya enfrentando de la manera adecuada a los problemas, reduciremos bastante la posibilidad de que tenga algún problema en el futuro.



Modelo diatésis - estrés

Este modelo explica la interacción entre nuestra heredabilidad y el ambiente en el que nos enfrentamos.

Todos tenemos una tendencia heredada a expresar ciertos rasgos o comportamientos, lo que podemos llamar diátesis o vulnerabilidad. Si le sumamos cierto nivel de tensión o estrés, es cuando esa tendencia se da. Así, cuanto mayor sea esa vulnerabilidad, menos cantidad de estrés necesitamos para que se desarrolle el problema.



Hay que tener muy en cuenta que tener una vulnerabilidad en particular no significa que se desarrolle el trastorno asociado. Cuanto menor sea la vulnerabilidad, mayor tendría que ser la tensión de vida necesaria para generar ese trastorno.Así , puede haber personas con cierta tendencia a tener problemas de una clase, pero al enfrentarse a una vida sin estresores no llegar a desarrollarlos nunca y viceversa.


Conclusión

Aunque nuestros hijos puedan haber heredado esa cierta vulnerabilidad, tenemos muchas herramientas para evitar que sufran en un problema en el futuro:
  • En primer lugar, no dando por hecho que va a ocurrir y va a ser inevitable, porque no es así.

  • Dándoles un ambiente estable en el que se puedan desarrollar de la manera adecuada.
     
  • Ejerciendo de modelos adecuados a la hora de controlar y mantener a raya a sus vulnerabilidades. Así, si por ejemplo, los padres son personas nerviosas pero controlan la ansiedad y enseñan a sus hijos a controlar ese nerviosismo, es muy poco probable que esos niños tengan algún problema de ese tipo en el futuro.



  • Preocupándose de la manera adecuada, sin dramatizar y poniendo remedio cuando veamos los primeros síntomas.
    Cualquier problema psicológico si se trata nada más empezar es mucho más fácil de afrontar y solucionar.

miércoles, 8 de julio de 2015

Depresión infantil


Tendemos a identificar la depresión como un problema adulto, que los niños no pueden sufrir. Sin embargo, y por desgracia, los niños no están exentos de presentarlo, llegando a hablarse de que un 3% de la población infantil puede llegar a tenerla, aumentando este porcentaje con la edad.
Ya hablé de la depresión adulta en otra entrada de este blog ( puedes consultarla aquí ) , por lo que ahora voy a centrarme en la infantil.

¿Se diferencia la depresión del niño con la del adulto?

Sí, los síntomas son algo diferentes, dependiendo de la edad del niño.


¿A qué debo prestar atención?

Hay tres aspectos claves:
  1. Tristeza y pérdida de interés por cosas que antes encontraba placenteras.
  2. Esta tristeza pude no ser evidente y manifestarse por irritabilidad o explosiones de genio ante sucesos triviales,o bien insultos, peleas o derrumbarse por nimiedades
  3. Los síntomas y como se expresan, varían con la edad:
Niños pequeños, menores de seis años

  • Irritabilidad (rabietas, conductas destructivas)
  • Menos juegos con amigos
  • Problemas con las comidas
    • Pérdida de apetito
    • No ganancia de peso.
    • Pérdida de peso.
    • Engullir la comida
  • Cambios en el patrón de sueño
    • Pesadillas
    • Terrores nocturnos
    • Resistencia a irse a la cama
    • Insomnio.
  • Menos actividad física.
  • Sentimientos negativos
    • Calificarse a si mismo como “tonto”
    • Preocupación por el castigo.
    • Preocupación por el fracaso.
  • Autoagresiones
    • Arañazos
    • Golpes en la cabeza
    • Tragarse objetos

Niños mayores ( 6 a 12 años)
  • Tristeza
  • Aburrimiento
  • Problemas con las comidas ( por exceso o por defecto)
  • Problemas de sueño
  • Sentimientos negativos
    • Baja autoestima
    • Autodesprecio
  • Problemas atencionales
  • Ideas, planes e intentos de suicidio

Adolescentes (13 a 18 años)
  • Estado de ánimo triste e irritable
    • Tristeza
    • Variabilidad en el ánimo
    • Irritabilidad ( malhumor, ira y rebeldía)
  • Pasotismo
  • Problemas con la comida
    • Pérdida de apetito, pérdida de peso
    • Comer en exceso, obesidad
  • Insomnio o hipersomnia ( dormir demasiado)
  • Cansancio, fatiga, falta de energía.
  • Sentimientos negativos
    • Preocupación por la imagen corporal
    • Baja autoestima
    • Autodesprecio
  • Menos pensamiento abstracto, indecisión
  • Ideas, planes e intentos de suicidio


¿Cuándo debo empezar a preocuparme?

Los niños, al igual que los adultos tienen periodos de tiempo en los que estarán más o menos tristes por los acontecimientos de su día a día. Eso es totalmente normal y forma parte del desarrollo emocional del niño.
Sin embargo, cuando este estado se alarga en el tiempo ( más de dos semanas) conviene empezar a prestarle más atención.



¿Estos síntomas desaparecen con el tiempo?

No, si realmente el niño tiene este trastorno, con el paso del tiempo no mejorará por si solo.
Así, si la depresión no es tratada a tiempo y de la manera adecuada, ésta puede afectar al desarrollo de las habilidades sociales, emocionales , cognitivas e interpersonales del niño, y a los vínculos afectivos entre padres e hijos.


¿Qué debo hacer si sospecho que mi hijo está deprimido?

Acudir a un especialista que le pueda evaluar y tratar de la manera adecuada generando además pautas específicas para los padres, de manera que le puedan ayudar de la mejor manera posible.






martes, 21 de abril de 2015

Derechos asertivos (segunda parte)





En una entrada anterior empecé a hablar de los derechos asertivos ( puedes verla aquí), es decir, derechos que tenemos todo el mundo a la hora de relacionarnos. Sin embargo, podemos tener ideas erróneas que nos dificulten el relacionarnos con los demás. En la entrada anterior desarrollé algunas de ellas, aquí dejo algunas más.
  1. No hay que interrumpir nunca a la gente, hacer preguntas denota estupidez.
    Parece algo bastante obvio, pero muchas veces actuamos en función de esta idea. Por ejemplo, cuando vamos al médico y no nos atrevemos a pedirle que nos explique nuestro diagnóstico, o dejamos el coche en el taller sin tener ni idea de qué es lo que le van a hacer.


    Claro que tenemos derecho a interrumpir para pedir una aclaración, o para preguntar aquello que no hemos entendido. No estamos obligados a ser unos expertos en todas las materias, por lo que es normal que necesitemos que nos aclaren o expliquen algunas cosas.
     

  2. Las cosas podrían ser aún peores de lo que son. No hay que tentar a la suerte.
    Esta idea es muy peligrosa ya que implica que debemos quedarnos sin hacer nada cuando las cosas van mal. Tenemos perfecto derecho a intentar un cambio, a buscar las estrategias para hacer frente a la situación. Aunque las cosas no vayan del todo bien, psicológicamente lo afrontaremos mejor sabiendo que hemos intentado hacer algo que si constatamos que no hemos hecho nada.

  3. No hay que hacer perder a los demás su valioso tiempo con los problemas de uno.
    Para la mayor parte de la gente, el tema preferido que van a tener de conversación es acerca de ellos mismos. Y no porque sean más o menos egoístas, sino porque (obviamente) es el tema que más les afecta. 
    Por eso las personas que saben escuchar y no hablan de ellos mismos son tan apreciadas, nos sentimos muy bien con ellos, sin pararnos a pensar en cómo estarán.

     Y caemos en ideas equivocadas como “ no quiero molestarle” “seguro que no le interesa, sino, habría preguntado”,”el cómo estoy yo no es interesante”.

    Tenemos que tener claro que tenemos todo el derecho del mundo a pedir ayuda o apoyo emocional, aunque nunca lo hayamos hecho en el pasado, y plantearnos el que si los demás no nos preguntan cómo estamos se debe realmente a que no les interesa (que es lo que solemos pensar) o a que nunca les contamos nada y han dejado de preguntar. 

    Es por ello que tenemos que acostumbrar también a las personas de nuestro entorno a escucharnos, al igual que nosotros las escuchamos a ellas. De este modo , nuestras relaciones serán más sanas, nosotros nos sentiremos mejor al poder compartir con los otros y los demás (aunque nos parezca sorprendente) se sentirán más cercanos a nosotros y agradecerán la oportunidad de poder apoyarnos de la misma manera que hemos hecho con ellos. 

    Démosles la oportunidad de devolvernos el favor.


  4. A la gente no le gusta escuchar que uno se encuentra mal, así que es mejor guardárselo para sí.
    Esta idea está muy relacionada con la anterior. Claro que a nadie a quien le importemos le gusta escuchar que estamos mal, pero se sentirán mucho peor cuando se enteren por otra vía y vean que no hemos tenido la confianza como para decírselo y permitir que nos apoyen o ayuden. Tenemos todo el derecho del mundo a sentir y expresar el dolor, incluso si a la otra persona no le gusta.



  5. Cuando alguien se molesta en dar un consejo, es mejor tomarlo seriamente en cuenta, porque suele tener razón.
    Tenemos derecho a ignorar los consejos de los demás y a tomar nuestras propias decisiones. Los consejos son la mejor opción para la persona que los da, pero no tiene porqué ser la nuestra. 

     
  6. La satisfacción de saber que se ha hecho algo bien es la mejor recompensa. A la gente no le gustan los alardes; la gente que triunfa, en el fondo cae mal y es envidiada. Hay que ser humilde ante los halagos.
    Tenemos derecho a recibir el reconocimiento formal por un trabajo bien hecho. 

    Estamos muy acostumbrados a la crítica y muy poco a que nos reconozcan las cosas que hacemos bien, por lo que se trata de equilibrar un poco la balanza.

    Obviamente la idea no es ir alardeando por todo lo que hacemos, pero sí reconocernos ante nosotros mismos y ante los demás las cosas que hemos hecho bien, y sobre todo aquellas que nos hayan costado mucho esfuerzo o hayan sido especialmente difíciles para nosotros.